Los chicos presumen buenos papeles; los grandes presumen títulos

En este mundial equipos chicos han sorprendido con buen nivel. Colombia es el ejemplo más claro, mostrando buenos planteamientos, grandes goles y un juego colectivo de calidad. Costa Rica es otro ejemplo, aunque no tan evidente. México… sí, nos quedamos donde siempre pero en general la gente está conforme con el nivel que mostró la selección. Argelia, Bélgica, Chile, algunos equipos más medianos que chicos tal vez, pero bueno, el mundo se ha sorprendido con la calidad futbolística de los “no grandes”.Unknown

¿Pero los equipos grandes a qué hora aparecen? Algunos ya cayeron, pero Brasil, Alemania, Argentina y Holanda ahí siguen y, salvo alguno que otro partido, la mayoría de estas selecciones han dejado mucho que desear. No es tan raro que equipos históricos lleguen lejos avanzando sin mucho ruido pero ordenadamente, llegando con empates, goles de último minuto o triunfos en penales. Pero cada vez se ve más que los grandes ya no quieren dar el espectáculo que se espera de ellos. Brasil es el más claro ejemplo. El mundo espera fuegos artificiales en la cancha cuando salta la verdeamarela. Pero esta vez, el equipo de Felipao no juega ni bien ni bonito, pero gana (¡a todos menos a México, eh!). Y ahí está, en semifinales, sacando sin mucho sufrir a la selección colombiana que a todos tenía apuntallados.

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Y es que un equipo chico vive del consuelo de haber jugado bien, de llegar a la fase nunca antes alcanzada, de haberle empatado o ganado al grande, de anotar un gol vistoso. En Colombia debe reinar el dolor en este momento (el Brasil-Colombia terminó hace poco más de media hora), pero lo que quedará será el orgullo de lo conseguido. Igual en Costa Rica. Igual en México (grande, Piojo).

Los grandes, en cambio, de nada les sirve presumir que le ganaron a otro igual de grande, o que pasaron a cuartos, o que su goleador igualó al máximo goleador. Para ellos lo que importa son los títulos, las estrellas en la camiseta que se cuentan en unidades muy claras y no se prestan a debatir si fue una mejor o peor actuación que los últimos 6 mundiales. Lo importante es si ganaste la copa del mundo o no.

¡Ganamos jugando horrible!

¡Ganamos jugando horrible!

Y en esa estrella al final a nadie le importa si Argelia casi te gana en tiempo extra, o si Paco Memo paró todos los tiros de tus goleadores. Si no te llevas la copa, fracasaste y punto. Si te la llevas, no importa que hayas jugado horrible siete partidos. Así funciona y lo más probable a estas alturas es que, como debe ser, un grande gane este mundial, aunque esperemos que Holanda siga con su tradición de ser el Cruz Azul del mundo (sí, sigo ardido con los holandeses y no voy a tomar ni una Heineken hasta el próximo mundial).

 

No es justo

Más de 24 horas han pasado desde la dramática eliminación de la selección mexicana en Brasil. Ha sido un lunes lúgubre, en el que caras largas pueblan las calles, oficinas, mercados, restaurantes y hogares de todo el país. Y no sólo es la tristeza por abandonar el torneo lo que nos tiene así. Al menos en mi caso es, más bien, un cúmulo de tantas injusticias, que es difícil elegir por cuál empezar.

No es justo el modo en que la suerte juega en el mundial. La suerte es de los grandes, punto. Se vio en el Brasil-Chile. Podrá ser una copa del mundo extraña, donde los equipos no habituales aparecen y ganan con mayor contundencia que los gigantes. Pero al final, en el momento decisivo, en el instante en que uno vuelve a casa y otro avanza, aparece la suerte de los grandes. Ya sea en forma de un error aprovechado por el contrario, una mala decisión arbitral o lo que sea. Sí, este mundial han caído algunos de los grandes, pero cuando veamos que en las semifinales están Brasil, Argentina, Holanda y Alemania, todo lo que sufrieron queda olvidado y la historia de los mundiales vuelve a la normalidad. Ser grande va acompañado de una suerte envidiable.

No es justo con la esperanzada afición empezar a jugar distinto, cuando todo se estaba haciendo tan bien. Nunca una selección mexicana había repetido alineación en los tres partidos de fase de grupos hasta ahora. La fórmula estaba funcionando y muy bien. Buscar el gol, idealmente anotarlo y una vez conseguido, seguir buscándolo. Pero la sombra de los mundiales pasados se viste de miedo a ganar, y el equipo se dedicó a cuidar un gol, sacrificando todas las armas, quemando las naves. Que los dioses nos agarren confesados si llegamos al tiempo extra, porque ya no hay forma de atacar, con un solitario y desdibujado Chicharito allá delante, a lo lejos.

Por otro lado, tampoco es justo atacar al Piojo, que agarró a un México que había hecho un lamentable hexagonal, para llevarlo a hacer su mejor actuación mundialista (discutible, pero esta es mi catarsis y de nadie más). Herrera llevó a la selección a ganar y casi consigue lo histórico. No es justo demeritar esto.

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No es justo que te roben dos goles legítimos en el primer partido. Pero aun más injusto es que cuando por fin anotas uno, el técnico te prive de meter el segundo y saldar esa cuenta pendiente. Giovani, Brasil te queda a deber.

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No es justo el comportamiento de esos ateos futbolísticos que tan de moda se han puesto y que esperaban con ansias este momento para lanzar sus “te lo dije” en este momento de dolor que sólo los creyentes del balón entendemos. No sean desgraciados. Si esta semana reciben respuestas violentas, no es nuestra culpa.

Para nada es justo el criterio de selección de árbitros de la FIFA. ¿Para qué convocan silbantes sudamericanos, asiáticos y africanos si van a poner a un árbitro de la UEFA a pitar un juego de Holanda? ¿No confían en ellos? Como si fuera tan confiable el trabajo de este venerable señor.

No es justo el clavado de Robben. Bueno, es obvio que no es justo. Es una trampa enorme e imperdonable. Lamentablemente, mucha gente, países enteros, defienden ese tipo de trampas. Las llaman “parte del juego”. Estoy de acuerdo con la premisa romántica del futbol que dicta que los errores arbitrales son parte del juego. Pero es diferente. Usar eso para engañar va en contra de toda la pureza y honor de un deporte como el futbol. Es cinismo. Un buen jugador (y Robben es un GRAN jugador) no debería necesitar hacer trampa, sin embargo lleva todo el mundial tirándose en el área. Mal, Arjen, no le haces justicia al deporte. No mereces sonreír de esa forma.

Maldito ladrón.

Maldito ladrón.

No es justo el proceso mental del árbitro, quien declaró que después de revisar al medio tiempo la jugada en la que Moreno se lesionó (la cual claramente era un penal) decidió que tenía que compensar a Holanda. Vaya momento elegiste para hacerlo.

No es justa la maldición de Rafa Márquez. Pedro y el lobo. Tantas veces ha perdido la cabeza en momentos clave con consecuencias desastrosas, que ahora no dudaron en marcarle penal.

No es justo que Héctor Herrera, jugando como lo hizo en todos los partidos, nunca pudiera meter un gol. Cada encuentro estuvo más cerca, pero la suerte, la maldita suerte…

No es justo llegar al minuto 85 ganándole a Holanda. Hubiera sido mejor que se marcara el penal que sí era (el de Moreno) y ya de ahí ver qué se podía hacer. Tal vez hubiéramos perdido, pero el dolor sería distinto. Llegar al 85 ganándole a Holanda es estar de pie, es tener la consciencia ya en el Ángel de la Independencia. Incluso para nosotros, los mexicanos, que estamos acostumbrados a entender que los milagros en octavos de final de la copa del mundo no ocurren, en el minuto 85 ya nos la creemos.

No es justo recuperar la fe mundialista de la infancia para después caer así. Durante la década de los 00s, me convencí de que los mundiales se disfrutan mucho más como niño y adolescente, conclusión a la que llegué simplemente porque disfruté Estados Unidos 94 y Francia 98 considerablemente más que, por ejemplo, Sudáfrica 2010. Pero este mundial me ha hecho darme cuenta de que en realidad hay mejores mundiales que otros, y éste es uno de ellos. Me ha transformado de nuevo en un niño que espera con ansias ponerse la camiseta y ver jugar su país. Y claro, la desilusión es proporcional. Cuando se ve tan cerca, el golpe es duro, tal como lo fue en esa fatídica tanda de penales contra Bulgaria en 1994.

No es justo pedir que no se hable de esto. Es duro, pero es la única forma de sacar la espina. Sobar la herida. Ver el clavado una y otra vez, analizarlo, maldecirlo; pensar en lo que podría haber sido. Lo que ya era al 85.

Y bueno, podría seguir enumerando todo lo que no me parece justo día y medio después de darle muchas vueltas al tema. Pero creo que la catarsis ya surtió algo de efecto. Al menos aproveché para escribir en este blog colectivo que llevaba muerto desde el mundial pasado.

No perdamos la esperanza de romper la maldición (sí, ya es una maldición, como la del Cruz Azul, pero de todos y hay que terminar con ella). No desesperemos. No es justo.

 

 

 

 

Nike: la diosa de las derrotas.

Por Laones Galli

Varias personas en varias oficinas espaciosas con vistas a varias ciudades poderosas del mundo deben estar martillándose, o cercenándose, varias partes de sus cuerpos cercanas a la entrepierna: el comercial que Nike hizo para este mundial es el más sonoro compendio de fracasos que yo recuerde. Drogba, Cannavaro, Rooney, Ribery, Ronaldo: todos afuera; todos dando pobrísimas demostraciones de fútbol y alguno de ellos, el portugués sobre todo, también de caracter. Y justamente en un anuncio que habla de eso: del fracaso. Cabría preguntarse cuál ha sido el error de esta marca que ha tendido, en general, a los éxitos. Una respuesta sencilla podría ser que fallaron a la hora de elegir a sus estrellas, sin embargo, me parece que hay algo que va más allá de la fortuna o el acierto al escoger un protagonista; algo que tiene que ver con la ética.

Yo, que soy un admirador de la publicidad de Nike desde los ochentas, creo humildemente que se equivocan en su relación con el fútbol. Este anuncio no es más que el último ejemplo, tal vez el más claro, de una estrategia que tiene años y que vuelve muy difícil lidiar con los fracasos individuales porque exalta demasiado individualmente los triunfos grupales (de hecho, este comercial es perfecto como muestra, parece que hubiesen estado pidiendo que sucediera lo que sucedió). Pero, para mí, lo peor del caso es que tantos años de insistir en la heroicidad personal, han hecho mucho daño a la concepción de este deporte (el más importante del mundo), con cambios lamentables en la manera en la que es percibido, sobre todo por la gente que no lo entiende demasiado bien. Desde ya, Nike no es la única responsable de este cambio, pero tal vez sí sea una de las más importantes.

Como todo el mundo sabe, Niké es la diosa griega de la victoria, y fue en eso, precisamente, que Phil Knight basó su empresa desde el nombre: victoria. Esto resulta lógico para una compañía que vende ropa deportiva, sería cuando menos curioso que la basara en los fracasos (aunque me gustaría ver una marca que lo hiciera, pienso que no le iría nada mal); pero el problema es que hay distintas maneras de triunfar y la que publicita Nike es deudora de la sociedad de la que proviene: el american way of life, el individualismo extremo, cada uno por su cuenta y a luchar todos contra todos. Una mística que es muy seductora, desde luego, y que tiene numerosos ejemplos de grandes gestas en diferentes disciplinas, desde Babe Ruth hasta Michael Phelps, pasando por Lance Armstrong o Pete Sampras, pero que, según creo yo, no es la adecuada para el fútbol.

En el fútbol no siempre triunfa el equipo que tiene mejores individualidades, sumar estrellas no significa necesariamente ganar, pregúntenle a Florentino Pérez (y cuidado el sábado, Maradona). En el fútbol, normalmente, gana el equipo que juega mejor como equipo. Y atención señoritas que siguen los mundiales como si fueran revistas para adolescentes: jugar mejor no significa hacer siete goles por partido, ni saltar muchas veces sobre un balón estacionado en el campo como si se tratase de una danza ritual para hacer llover: jugar mejor significa un complejo sistema táctico de equilibrios que no siempre van a favor, hay que decirlo, del espectáculo en términos mediáticos. A veces un gran jugador es el que menos toca el balón durante el partido. A veces un gran jugador corre mucho pero no se ve tanto. A veces un gran jugador, debo decirlo con horror, es FEO. Y, <span style=”font-style:italic;”>”last but not least”</span>, como en cualquier juego, el ganador siempre será el equipo que jugó mejor (salvo errores arbitrales, por supuesto): por más que nos enamore el juego del Barça de Guardiola, el Inter de Mourinho es el campeón de Europa y por lo tanto es el que jugó mejor esa copa. Y punto pelota.

La primera vez que vi el anuncio en cuestión, lo que más me impresionó fue que, a pesar de lo que se narra, NO EMOCIONA; por el contrario, transmite una frialdad distante. Esto tiene que ver con la estética de video juego con la que está realizado y me parece que no es algo casual. Los jugadores vienen a la pantalla como se mueven sus avatares de Playstation, de un modo mecánico. Es como si el espectador, detrás de la consola, fuera quien comanda. Eres tú, en tu casa, en tu sillón, cómodamente instalado, el que sueña con ganar, el que “escribe el futuro” (algo parecido sucedía con el comercial de Guy Richie en cámara subjetiva, del año 2008, para la misma marca). El futuro es un individuo solo que sueña con una victoria solitaria conseguida por él mismo para él mismo y para que se erijan monumentos en su honor. Para Nike, ya no son los jugadores que van a ofrecer las victorias a los pueblos que representan, son los pueblos representados que homenajean a esos pocos elegidos que han triunfado. No es un cambio menor.

De hecho, y para no dejar rezagada a la diosa Niké, viendo la parte más despreciable del comercial, ese final en el que se descubre la estatua de Cristiano Ronaldo, recordé un pasaje en el que Arnold Hauser comenta, en el tomo I de su monumental “Historia social de la literatura y del arte”, el arte publicitario de las olimpíadas de la época arcaica griega. Dice Hauser: “La primera lista de vencedores se remonta al año 776 a. de C.; la primera estatua de vencedor fue erigida, según Pausanias, en el año 536 a. de C. ¿Acaso las estatuas de vencedores fueron creadas para despertar la emulación de una generación más débil, menos ambiciosa, más mezquina? Las estatuas de los atletas no buscaban el parecido; eran retratos ideales, que únicamente parecen haber servido para mantener el recuerdo de la victoria y hacer la propaganda de los juegos. El artista ni siquiera ha visto al vencedor una sola vez…” Extraigan sus propias conclusiones.

A mí no me gustan los jugadores de fútbol que aparecen en programas del corazón rodeados de señoritas bonitas (entre otras cosas porque no me gusta ese tipo de programas) o que son condecorados por una reina; a las historias que transmiten los homenajes de la tele prefiero las gestas que se cuentan las personas entre ellas por la calle, en los bares, en las oficinas; esas que crecen con cada nuevo narrador, esas en las que los héroes van agigantándose con el paso de los años. Si tuviera que escribir el futuro de este hermoso deporte, es así como lo haría. ¿Todavía podemos? O ya sólo lo escribirá cada uno en su Playstation.

Ahora me acuerdo de la publicidad de Adidas para el mundial de Alemania 2006, eso está un poco mejor…

Se sobrevivió al anfitrión

Por Javier Manzanera

Por fin terminó la espera. Anoche me fui a la cama con un sentimiento muy similar al que experimentaba en la infancia cuando sabía que en algún momento de la noche Santa Claus dejaría algún regalo para mí en la sala. Y tal como ese personaje que alguna vez fui, abrí los ojos a las 6 de la mañana en punto, listo para encaminarme a casa de mi buen amigo Quique para abrir ese gran regalo que sólo llega cada cuatro años. Hoy no importaba llegar tardísimo al trabajo. Había que honrar un compromiso más importante.

La selección mexicana inaugurando el Mundial. Qué orgullo, qué responsabilidad y qué terror. Afortunadamente los sudafricanos estaban igual de nerviosos que nuestros compatriotas. Durante todo el primer tiempo cada pase dirigido a las bandas terminaba fuera de la cancha. Los centros llegaban a su destino, pero los remates volaban hacia cualquier lugar excepto adentro de la portería. De cualquier manera todo parecía soportable, porque parecía cuestión de minutos para que México abriera el marcador.

Pero no fue así. Santa Claus llegó pero el muy infame me trajo un pedazo de carbón. Estético y al ángulo pero carbón a fin de cuentas. Los goles del mundial tienen un sabor especial, pero es una tortura muy cruel esperar cuatro años para que el primer gol del mundial sea un golazo en contra de tu país. Es de lo más amargo que se puede sentir.

Eventualmente Aguirre se dio cuenta de que esa alineación que planeó en una borrachera, seguramente no era la mejor. Fue entonces cuando corrigió lo que pudo y metió los engranes que faltaban en el armado de jugadas de gol. Guardado y Cuauhtémoc ingresaron a la cancha y en cuestión de segundos construyeron lo que resultó en el gol de Márquez que nos devolvió la esperanza de lograr algo en esta Copa del Mundo. Qué fáciles somos.

Los nervios se dibujan en los rostros.

“Nos salió barato”, afirmaban algunos de mis amigos al sonar el silbatazo final. Y es que a fin de cuentas los sudafricanos encontraron por dónde. El Conejo Pérez se empeñó en otorgarle el triunfo al equipo local, pero afortunadamente ese poste tenía corazón azteca. El árbitro, tan criticado durante el primer tiempo por beneficiar a Sudáfrica, terminó siendo nuestro mejor amigo al no marcar un claro penal en contra de nuestra querida selección.

Se sobrevivió a la primera prueba. De milagro, pero se sobrevivió. Ahora esperemos que Aguirre ponga orden en donde haga falta y el próximo jueves nos muestre esa cara aguerrida de la selección que ya pudimos ver en el partido de preparación contra Italia.

Va tomando forma

por cvillalpando

Ayer, México se levantó con una clara victoria de 2-0 contra la débil Nueva Zelanda, que aunque se paró bien en el campo, no aportó lo suficiente como para poner a la Selección Mexicana en reales aprietos. Amén de eso, hubo quienes resaltaron más que otros, ya sea por sus ganas de ganarse un lugar o por su ritmo actual en sus respectivas ligas.

Respetando todo lo que significa su carrera, su figura y su talento, me parece que Cuauhtémoc Blanco, un jugador de Primera A, no debe estar en la Selección. Repito, todos sabemos del talento que tiene, pero claramente su mente está en otras cosas en vistas de su inminente retiro (su desafortunado programa de TV). El nivel de entrenamiento y exigencia en la liga de ascenso claramente es menor que en cualquier Primera División y eso se vio ayer; con unos kilos de más, intentó quince taquitos y no le salió ninguno. Aceptemos lo que tuvieron que aceptar Francia o Argentina, el tiempo de nuestro ídolo ya pasó. En ese tenor, no entiendo tampoco como Braulio Luna, que tuvo un buen torneo hace dos, está en la Selección. Se siente como si estuviera ocupando el lugar alguien que puede aportar más. Ayer también se notó; simplemente entró al campo y se perdió cualquier empuje ofensivo por la banda izquierda, además de que erró muchos pases a primera vista simples.

El Kaiser, siempre destacado.

El debut como pareja de los hermanos Dos Santos me dejó gratamente sorprendido. De alguna manera se complementaron bien tanto en ataque como en marca. Con características similares como la velocidad y el despliegue físico y con otras tan distintas como las que definen sus roles, creo que -si no este Mundial- para el siguiente pueden formar una mancuerna interesantísima que desplazaría a Torrado a la banca. Suena más descabellado de lo que parece, ya que Jonathan Dos Santos tiene características de marca, de armador y de organizador; las mismas que Torrado. Por cierto, qué pedazo de disparo sacó. Qué bárbaro.

Gio en labor de marca, efectivo.

Sigo creyendo que el Chicharito está mostrando dotes de auténtico crack. Balón que toca, balón que pone a temblar a la defensa opuesta (habrá que ver lo que tienen que decir Cannavaro, Terry o Gallas al respecto, llegado el momento). La dupla formada por el Chicharito y Carlos Vela, complementada con los Dos Santos, fue de lo más sorpendente y rescatable del encuentro. Sorprendente porque nunca pensé que se fueran a entender tan bien cuatro jóvenes, aunque debo reconocer que prefiero al jugador joven que al viejo en cuestiones de ataque. La picardía y el talento nato de cada uno de ellos causó gratas impresiones e hizo mucho más espectacular el juego. Para mí, tres de esos cuatro deben ser titulares en Sudáfrica.

El Chícharo, promesa que apesta a realidad.

Lo que sigo sin entender es qué diablos hace mal el Arsenal. Todas las temporadas son un hospital y muchos de sus jugadores son de vidrio. Algunos argumentan que es porque son jóvenes. Robin van Persie no es tan joven como para seguir lesionado media temporada. El mismo caso en Eduardo, Vela, Walcott… Creo que alguien, encargado del entrenamiento, está haciendo mal su trabajo. Es la única solución que encuentro a tantísimas lesiones: mal entrenamiento. Los músculos no están lo suficientemente fuertes, al nivel de llegar a fracturas que en algunas ocasiones podrían haber sido menos graves de tener un músculo fuerte alrededor. Mi consejo para el extraordinario Vela: que le pida a Juan Iribarren, preparador físico del Tri, una segunda opinión en cuanto a su rutina de entrenamiento y consejos para fortalecer las zonas en las que siempre se lesiona.

Carlos Vela, bueno mientras duró.

Fuera de eso, pocas cosas nuevas se notaron. Aldo De Nigris es un tipo corpulento, fuerte y hábil que puede funcionar como un sustituto interesante. Ricardo Osorio sigue siendo convocado a pesar de su nula actividad (entonces que también llamen a Nery, ya que ese fue el argumento). Me da gusto que ya no se dependa de un jugador de 37 años para sacar el resultado y que el equipo está mostrando precisamente eso, cualidades de equipo. Me gusta el empuje de Guardado y Gio por las bandas, aunque no me gusta que siempre intenten centrar y que en ese sentido el ataque no tenga variantes. Debemos entender que ante jugadores más altos, si seguimos así, nos vamos a quedar en ceros. Me gusta la disciplina de las líneas bajas, que aunque siguen cometiendo errores, van en buen camino a corregirlos. No me gusta que el balón se retrase de más ni que se compliquen a la hora de intentar jugar. Me gusta el valor, la picardía de los jóvenes y sobre todo, me gusta que Aguirre los esté tomando en cuenta. Ojalá de esta manera se dejen de convocar a viejitos que poco o nada pueden hacer, y hablo del caso específico de Luna, no tanto de Blanco, que además de que tiene que trabajar muy duro para ponerse de nuevo en forma, debe ser más inteligente y no intentar dar cada pase de taquito.

Ah, y el uniforme negro: ¡qué belleza!

¿Opiniones al respecto?

La triste actualidad de los Gallos

por Carlos Villalpando

Durante 11 años de mi vida viví en la ciudad de Santiago de Querétaro y la primera vez que vi al Santos -mi equipo- fue en el estadio Corregidora. Por eso y por muchas otras memorias los Gallos siempre han ocupado un lugar especial en mi corazón. Ahora que están de regreso en Primera (que alguien les avise) su andar me parece triste, y he aquí las razones de este tipo de debacles.

El Corregidora se llena a pesar de los resultados

El Corregidora se llena a pesar de los resultados

Recientemente fue adquirido mayoritariamente por Grupo ACIR y sé de buena fuente (que ha pedido anonimato) que tras el ascenso de la franquicia el plan era volverlo a vender al mejor postor después de un tiempo, tras aumentar su valía de una división a la máxima. Esto me parece relevante por lo que a continuación pienso plantear.

Creo que lo que ha lastimado al Club Querétaro desde hace mucho tiempo (desde antes, incluso, que el dueño fuera el gobierno del estado, el patronato y obviamente ACIR) es precisamente eso: cambios de dueños y de esquemas, de organigrama y de ideología que han truncado cualquier propuesta a largo plazo que pudiera tener deportivamente el equipo. Y es eso, precisamente, lo que en Querétaro no han sabido implantar: un plan a largo plazo desde las divisiones menores hasta el equipo de Primera División. Y es que cuando un equipo no tiene idea de dónde estará en un año, es lógico que las expectativas caigan y se pelee menos por conseguir los resultados. Sobre todo en anteriores administraciones esto ha sido clave para el descenso del equipo: desde no cumplir con los minutos de menores en el 2007, que causaron que el equipo perdiera 3 puntos y por lo tanto descendiera, hasta los largos periodos que pasaban los jugadores sin percibir pago alguno. Esto, y desde la administración pasada (el patronato) no ha sido así porque se ha tomado con mayor seriedad. Creo que la adquisición del equipo por parte de ACIR es algo bueno porque conozco a la empresa y sé que la gente al frente es brillante, buena y trabajadora.

Celebrando en el centro de Querétaro

Celebrando en el centro de Querétaro

El Club Querétaro tiene que trabajar en dos aspectos fundamentales que en años pasados se han ido deteriorando rápidamente: lo anteriormente planteado (proyecto a largo plazo) y la identidad del equipo. Los Gallos siempre han gozado de popularidad en la ciudad, los estadios, si no se llenan, sí que llegan a las tres cuartas partes o cuando MENOS a la mitad del estadio, alrededor de unas 20,000 personas (el estadio repleto sienta a 37,575 aficionados). Medio Corregidora es más de lo que entra en un lleno total en el Estadio Corona de Torreón. Es una afición dedicada, que ama a su equipo y que siente un profundo arraigo hacia un equipo que ha ganado y ha perdido, que se la vive en ese limbo entre el fracaso y el éxito (siendo el éxito -una medida subjetiva siempre- el ascenso a Primera y la permanencia). El problema viene de fondo y es mucho más simple: el Querétaro no tiene cantera. Y no es una ciencia entender que la cantera es la identidad. Hay que ver a Pumas, que sin grandes figuras logran -casi siempre- figurar dentro de los primeros planos y ser uno de los equipos más queridos de nuestro balompié. Claro, la premura de la permanencia es más importante que el desarrollo de Gallos jóvenes, aparentemente, pero esto es algo que el Querétaro no tendría que estar discutiendo a estas alturas. Han tenido años en Primera A para formar cantera. Tal vez entonces los jugadores sentirían la camiseta como Mauro Gerk, como Guadalupe Martínez y como Margarito González, otrora capitán relegado a la banca.

Los pocos jugadores que han logrado mantenerse en el equipo (Margarito, Guadalupe, Mauro, entre pocos otros) han tenido que vivir y soportar grandes fracasos y unas pocas glorias. Gerk, gracias a su permanencia en Querétaro, es el máximo romperredes de la institución y uno de los grandes… en Primera A.

Hay afición, infraestructura y estadio. Falta la parte administrativa: el plan a largo plazo y la formación de identidad.

Hay afición, infraestructura y estadio. Falta la parte administrativa: el plan a largo plazo y la formación de identidad.

Es decir, el Querétaro es un ejemplo de mala administración. Tienen afición, estadio, infraestructura y una empresa sólida detrás. Mucho de lo anterior lo envidiarían muchos equipos de Primera. El problema es muy básico, mas no significa que la solución sea simple. Es un proceso de años de trabajo en los que probablemente Querétaro conocerá las beldades de la nueva Liga de Ascenso antes de volver a ascender. La clave es la constancia. Esperemos que ACIR -y confío en ello- no vea al Querétaro meramente como a un dólar en la crisis, que aumentado su valor lo cambie al mejor postor. Esperemos que ACIR entienda que tiene en sus manos una verdadera mina de oro y que si sabe invertir sus recursos y su tiempo, podrá tener, en vez de un dólar, muchos más, y de paso hacer que una institución con 59 años de historia sepa lo que es tener un verdadero equipo de futbol por primera vez desde hace ya mucho tiempo. Esperemos que, la siguiente vez que asciendan, en Querétaro ya haya todo un ejército de jugadores queretanos, con sentimiento hacia su equipo y comandados por los viejos lobos de mar de siempre: Margarito, Guadalupe y Mauro.

Mauro Gerk, ídolo queretano.

Mauro Gerk, ídolo queretano.

Hay que formar un proyecto a largo plazo. Hagan de un diamante en bruto una verdadera institución de futbol. Denle una alegría y gánense el corazón de toda una ciudad, de una afición que ha sido siempre fiel pese a los traspiés de su equipo. Eso también es negocio.