
Nike: la diosa de las derrotas.
Por Laones Galli
Varias personas en varias oficinas espaciosas con vistas a varias ciudades poderosas del mundo deben estar martillándose, o cercenándose, varias partes de sus cuerpos cercanas a la entrepierna: el comercial que Nike hizo para este mundial es el más sonoro compendio de fracasos que yo recuerde. Drogba, Cannavaro, Rooney, Ribery, Ronaldo: todos afuera; todos dando pobrísimas demostraciones de fútbol y alguno de ellos, el portugués sobre todo, también de caracter. Y justamente en un anuncio que habla de eso: del fracaso. Cabría preguntarse cuál ha sido el error de esta marca que ha tendido, en general, a los éxitos. Una respuesta sencilla podría ser que fallaron a la hora de elegir a sus estrellas, sin embargo, me parece que hay algo que va más allá de la fortuna o el acierto al escoger un protagonista; algo que tiene que ver con la ética.
Yo, que soy un admirador de la publicidad de Nike desde los ochentas, creo humildemente que se equivocan en su relación con el fútbol. Este anuncio no es más que el último ejemplo, tal vez el más claro, de una estrategia que tiene años y que vuelve muy difícil lidiar con los fracasos individuales porque exalta demasiado individualmente los triunfos grupales (de hecho, este comercial es perfecto como muestra, parece que hubiesen estado pidiendo que sucediera lo que sucedió). Pero, para mí, lo peor del caso es que tantos años de insistir en la heroicidad personal, han hecho mucho daño a la concepción de este deporte (el más importante del mundo), con cambios lamentables en la manera en la que es percibido, sobre todo por la gente que no lo entiende demasiado bien. Desde ya, Nike no es la única responsable de este cambio, pero tal vez sí sea una de las más importantes.
Como todo el mundo sabe, Niké es la diosa griega de la victoria, y fue en eso, precisamente, que Phil Knight basó su empresa desde el nombre: victoria. Esto resulta lógico para una compañía que vende ropa deportiva, sería cuando menos curioso que la basara en los fracasos (aunque me gustaría ver una marca que lo hiciera, pienso que no le iría nada mal); pero el problema es que hay distintas maneras de triunfar y la que publicita Nike es deudora de la sociedad de la que proviene: el american way of life, el individualismo extremo, cada uno por su cuenta y a luchar todos contra todos. Una mística que es muy seductora, desde luego, y que tiene numerosos ejemplos de grandes gestas en diferentes disciplinas, desde Babe Ruth hasta Michael Phelps, pasando por Lance Armstrong o Pete Sampras, pero que, según creo yo, no es la adecuada para el fútbol.
En el fútbol no siempre triunfa el equipo que tiene mejores individualidades, sumar estrellas no significa necesariamente ganar, pregúntenle a Florentino Pérez (y cuidado el sábado, Maradona). En el fútbol, normalmente, gana el equipo que juega mejor como equipo. Y atención señoritas que siguen los mundiales como si fueran revistas para adolescentes: jugar mejor no significa hacer siete goles por partido, ni saltar muchas veces sobre un balón estacionado en el campo como si se tratase de una danza ritual para hacer llover: jugar mejor significa un complejo sistema táctico de equilibrios que no siempre van a favor, hay que decirlo, del espectáculo en términos mediáticos. A veces un gran jugador es el que menos toca el balón durante el partido. A veces un gran jugador corre mucho pero no se ve tanto. A veces un gran jugador, debo decirlo con horror, es FEO. Y, <span style=”font-style:italic;”>”last but not least”</span>, como en cualquier juego, el ganador siempre será el equipo que jugó mejor (salvo errores arbitrales, por supuesto): por más que nos enamore el juego del Barça de Guardiola, el Inter de Mourinho es el campeón de Europa y por lo tanto es el que jugó mejor esa copa. Y punto pelota.
La primera vez que vi el anuncio en cuestión, lo que más me impresionó fue que, a pesar de lo que se narra, NO EMOCIONA; por el contrario, transmite una frialdad distante. Esto tiene que ver con la estética de video juego con la que está realizado y me parece que no es algo casual. Los jugadores vienen a la pantalla como se mueven sus avatares de Playstation, de un modo mecánico. Es como si el espectador, detrás de la consola, fuera quien comanda. Eres tú, en tu casa, en tu sillón, cómodamente instalado, el que sueña con ganar, el que “escribe el futuro” (algo parecido sucedía con el comercial de Guy Richie en cámara subjetiva, del año 2008, para la misma marca). El futuro es un individuo solo que sueña con una victoria solitaria conseguida por él mismo para él mismo y para que se erijan monumentos en su honor. Para Nike, ya no son los jugadores que van a ofrecer las victorias a los pueblos que representan, son los pueblos representados que homenajean a esos pocos elegidos que han triunfado. No es un cambio menor.
De hecho, y para no dejar rezagada a la diosa Niké, viendo la parte más despreciable del comercial, ese final en el que se descubre la estatua de Cristiano Ronaldo, recordé un pasaje en el que Arnold Hauser comenta, en el tomo I de su monumental “Historia social de la literatura y del arte”, el arte publicitario de las olimpíadas de la época arcaica griega. Dice Hauser: “La primera lista de vencedores se remonta al año 776 a. de C.; la primera estatua de vencedor fue erigida, según Pausanias, en el año 536 a. de C. ¿Acaso las estatuas de vencedores fueron creadas para despertar la emulación de una generación más débil, menos ambiciosa, más mezquina? Las estatuas de los atletas no buscaban el parecido; eran retratos ideales, que únicamente parecen haber servido para mantener el recuerdo de la victoria y hacer la propaganda de los juegos. El artista ni siquiera ha visto al vencedor una sola vez…” Extraigan sus propias conclusiones.
A mí no me gustan los jugadores de fútbol que aparecen en programas del corazón rodeados de señoritas bonitas (entre otras cosas porque no me gusta ese tipo de programas) o que son condecorados por una reina; a las historias que transmiten los homenajes de la tele prefiero las gestas que se cuentan las personas entre ellas por la calle, en los bares, en las oficinas; esas que crecen con cada nuevo narrador, esas en las que los héroes van agigantándose con el paso de los años. Si tuviera que escribir el futuro de este hermoso deporte, es así como lo haría. ¿Todavía podemos? O ya sólo lo escribirá cada uno en su Playstation.
Ahora me acuerdo de la publicidad de Adidas para el mundial de Alemania 2006, eso está un poco mejor…
Se sobrevivió al anfitrión
Por Javier Manzanera
Por fin terminó la espera. Anoche me fui a la cama con un sentimiento muy similar al que experimentaba en la infancia cuando sabía que en algún momento de la noche Santa Claus dejaría algún regalo para mí en la sala. Y tal como ese personaje que alguna vez fui, abrí los ojos a las 6 de la mañana en punto, listo para encaminarme a casa de mi buen amigo Quique para abrir ese gran regalo que sólo llega cada cuatro años. Hoy no importaba llegar tardísimo al trabajo. Había que honrar un compromiso más importante.
La selección mexicana inaugurando el Mundial. Qué orgullo, qué responsabilidad y qué terror. Afortunadamente los sudafricanos estaban igual de nerviosos que nuestros compatriotas. Durante todo el primer tiempo cada pase dirigido a las bandas terminaba fuera de la cancha. Los centros llegaban a su destino, pero los remates volaban hacia cualquier lugar excepto adentro de la portería. De cualquier manera todo parecía soportable, porque parecía cuestión de minutos para que México abriera el marcador.
Pero no fue así. Santa Claus llegó pero el muy infame me trajo un pedazo de carbón. Estético y al ángulo pero carbón a fin de cuentas. Los goles del mundial tienen un sabor especial, pero es una tortura muy cruel esperar cuatro años para que el primer gol del mundial sea un golazo en contra de tu país. Es de lo más amargo que se puede sentir.
Eventualmente Aguirre se dio cuenta de que esa alineación que planeó en una borrachera, seguramente no era la mejor. Fue entonces cuando corrigió lo que pudo y metió los engranes que faltaban en el armado de jugadas de gol. Guardado y Cuauhtémoc ingresaron a la cancha y en cuestión de segundos construyeron lo que resultó en el gol de Márquez que nos devolvió la esperanza de lograr algo en esta Copa del Mundo. Qué fáciles somos.
“Nos salió barato”, afirmaban algunos de mis amigos al sonar el silbatazo final. Y es que a fin de cuentas los sudafricanos encontraron por dónde. El Conejo Pérez se empeñó en otorgarle el triunfo al equipo local, pero afortunadamente ese poste tenía corazón azteca. El árbitro, tan criticado durante el primer tiempo por beneficiar a Sudáfrica, terminó siendo nuestro mejor amigo al no marcar un claro penal en contra de nuestra querida selección.
Se sobrevivió a la primera prueba. De milagro, pero se sobrevivió. Ahora esperemos que Aguirre ponga orden en donde haga falta y el próximo jueves nos muestre esa cara aguerrida de la selección que ya pudimos ver en el partido de preparación contra Italia.
Va tomando forma
por cvillalpando
Ayer, México se levantó con una clara victoria de 2-0 contra la débil Nueva Zelanda, que aunque se paró bien en el campo, no aportó lo suficiente como para poner a la Selección Mexicana en reales aprietos. Amén de eso, hubo quienes resaltaron más que otros, ya sea por sus ganas de ganarse un lugar o por su ritmo actual en sus respectivas ligas.
Respetando todo lo que significa su carrera, su figura y su talento, me parece que Cuauhtémoc Blanco, un jugador de Primera A, no debe estar en la Selección. Repito, todos sabemos del talento que tiene, pero claramente su mente está en otras cosas en vistas de su inminente retiro (su desafortunado programa de TV). El nivel de entrenamiento y exigencia en la liga de ascenso claramente es menor que en cualquier Primera División y eso se vio ayer; con unos kilos de más, intentó quince taquitos y no le salió ninguno. Aceptemos lo que tuvieron que aceptar Francia o Argentina, el tiempo de nuestro ídolo ya pasó. En ese tenor, no entiendo tampoco como Braulio Luna, que tuvo un buen torneo hace dos, está en la Selección. Se siente como si estuviera ocupando el lugar alguien que puede aportar más. Ayer también se notó; simplemente entró al campo y se perdió cualquier empuje ofensivo por la banda izquierda, además de que erró muchos pases a primera vista simples.
El debut como pareja de los hermanos Dos Santos me dejó gratamente sorprendido. De alguna manera se complementaron bien tanto en ataque como en marca. Con características similares como la velocidad y el despliegue físico y con otras tan distintas como las que definen sus roles, creo que -si no este Mundial- para el siguiente pueden formar una mancuerna interesantísima que desplazaría a Torrado a la banca. Suena más descabellado de lo que parece, ya que Jonathan Dos Santos tiene características de marca, de armador y de organizador; las mismas que Torrado. Por cierto, qué pedazo de disparo sacó. Qué bárbaro.
Sigo creyendo que el Chicharito está mostrando dotes de auténtico crack. Balón que toca, balón que pone a temblar a la defensa opuesta (habrá que ver lo que tienen que decir Cannavaro, Terry o Gallas al respecto, llegado el momento). La dupla formada por el Chicharito y Carlos Vela, complementada con los Dos Santos, fue de lo más sorpendente y rescatable del encuentro. Sorprendente porque nunca pensé que se fueran a entender tan bien cuatro jóvenes, aunque debo reconocer que prefiero al jugador joven que al viejo en cuestiones de ataque. La picardía y el talento nato de cada uno de ellos causó gratas impresiones e hizo mucho más espectacular el juego. Para mí, tres de esos cuatro deben ser titulares en Sudáfrica.
Lo que sigo sin entender es qué diablos hace mal el Arsenal. Todas las temporadas son un hospital y muchos de sus jugadores son de vidrio. Algunos argumentan que es porque son jóvenes. Robin van Persie no es tan joven como para seguir lesionado media temporada. El mismo caso en Eduardo, Vela, Walcott… Creo que alguien, encargado del entrenamiento, está haciendo mal su trabajo. Es la única solución que encuentro a tantísimas lesiones: mal entrenamiento. Los músculos no están lo suficientemente fuertes, al nivel de llegar a fracturas que en algunas ocasiones podrían haber sido menos graves de tener un músculo fuerte alrededor. Mi consejo para el extraordinario Vela: que le pida a Juan Iribarren, preparador físico del Tri, una segunda opinión en cuanto a su rutina de entrenamiento y consejos para fortalecer las zonas en las que siempre se lesiona.
Fuera de eso, pocas cosas nuevas se notaron. Aldo De Nigris es un tipo corpulento, fuerte y hábil que puede funcionar como un sustituto interesante. Ricardo Osorio sigue siendo convocado a pesar de su nula actividad (entonces que también llamen a Nery, ya que ese fue el argumento). Me da gusto que ya no se dependa de un jugador de 37 años para sacar el resultado y que el equipo está mostrando precisamente eso, cualidades de equipo. Me gusta el empuje de Guardado y Gio por las bandas, aunque no me gusta que siempre intenten centrar y que en ese sentido el ataque no tenga variantes. Debemos entender que ante jugadores más altos, si seguimos así, nos vamos a quedar en ceros. Me gusta la disciplina de las líneas bajas, que aunque siguen cometiendo errores, van en buen camino a corregirlos. No me gusta que el balón se retrase de más ni que se compliquen a la hora de intentar jugar. Me gusta el valor, la picardía de los jóvenes y sobre todo, me gusta que Aguirre los esté tomando en cuenta. Ojalá de esta manera se dejen de convocar a viejitos que poco o nada pueden hacer, y hablo del caso específico de Luna, no tanto de Blanco, que además de que tiene que trabajar muy duro para ponerse de nuevo en forma, debe ser más inteligente y no intentar dar cada pase de taquito.
Ah, y el uniforme negro: ¡qué belleza!
¿Opiniones al respecto?
La triste actualidad de los Gallos
por Carlos Villalpando
Durante 11 años de mi vida viví en la ciudad de Santiago de Querétaro y la primera vez que vi al Santos -mi equipo- fue en el estadio Corregidora. Por eso y por muchas otras memorias los Gallos siempre han ocupado un lugar especial en mi corazón. Ahora que están de regreso en Primera (que alguien les avise) su andar me parece triste, y he aquí las razones de este tipo de debacles.

El Corregidora se llena a pesar de los resultados
Recientemente fue adquirido mayoritariamente por Grupo ACIR y sé de buena fuente (que ha pedido anonimato) que tras el ascenso de la franquicia el plan era volverlo a vender al mejor postor después de un tiempo, tras aumentar su valía de una división a la máxima. Esto me parece relevante por lo que a continuación pienso plantear.
Creo que lo que ha lastimado al Club Querétaro desde hace mucho tiempo (desde antes, incluso, que el dueño fuera el gobierno del estado, el patronato y obviamente ACIR) es precisamente eso: cambios de dueños y de esquemas, de organigrama y de ideología que han truncado cualquier propuesta a largo plazo que pudiera tener deportivamente el equipo. Y es eso, precisamente, lo que en Querétaro no han sabido implantar: un plan a largo plazo desde las divisiones menores hasta el equipo de Primera División. Y es que cuando un equipo no tiene idea de dónde estará en un año, es lógico que las expectativas caigan y se pelee menos por conseguir los resultados. Sobre todo en anteriores administraciones esto ha sido clave para el descenso del equipo: desde no cumplir con los minutos de menores en el 2007, que causaron que el equipo perdiera 3 puntos y por lo tanto descendiera, hasta los largos periodos que pasaban los jugadores sin percibir pago alguno. Esto, y desde la administración pasada (el patronato) no ha sido así porque se ha tomado con mayor seriedad. Creo que la adquisición del equipo por parte de ACIR es algo bueno porque conozco a la empresa y sé que la gente al frente es brillante, buena y trabajadora.

Celebrando en el centro de Querétaro
El Club Querétaro tiene que trabajar en dos aspectos fundamentales que en años pasados se han ido deteriorando rápidamente: lo anteriormente planteado (proyecto a largo plazo) y la identidad del equipo. Los Gallos siempre han gozado de popularidad en la ciudad, los estadios, si no se llenan, sí que llegan a las tres cuartas partes o cuando MENOS a la mitad del estadio, alrededor de unas 20,000 personas (el estadio repleto sienta a 37,575 aficionados). Medio Corregidora es más de lo que entra en un lleno total en el Estadio Corona de Torreón. Es una afición dedicada, que ama a su equipo y que siente un profundo arraigo hacia un equipo que ha ganado y ha perdido, que se la vive en ese limbo entre el fracaso y el éxito (siendo el éxito -una medida subjetiva siempre- el ascenso a Primera y la permanencia). El problema viene de fondo y es mucho más simple: el Querétaro no tiene cantera. Y no es una ciencia entender que la cantera es la identidad. Hay que ver a Pumas, que sin grandes figuras logran -casi siempre- figurar dentro de los primeros planos y ser uno de los equipos más queridos de nuestro balompié. Claro, la premura de la permanencia es más importante que el desarrollo de Gallos jóvenes, aparentemente, pero esto es algo que el Querétaro no tendría que estar discutiendo a estas alturas. Han tenido años en Primera A para formar cantera. Tal vez entonces los jugadores sentirían la camiseta como Mauro Gerk, como Guadalupe Martínez y como Margarito González, otrora capitán relegado a la banca.
Los pocos jugadores que han logrado mantenerse en el equipo (Margarito, Guadalupe, Mauro, entre pocos otros) han tenido que vivir y soportar grandes fracasos y unas pocas glorias. Gerk, gracias a su permanencia en Querétaro, es el máximo romperredes de la institución y uno de los grandes… en Primera A.

Hay afición, infraestructura y estadio. Falta la parte administrativa: el plan a largo plazo y la formación de identidad.
Es decir, el Querétaro es un ejemplo de mala administración. Tienen afición, estadio, infraestructura y una empresa sólida detrás. Mucho de lo anterior lo envidiarían muchos equipos de Primera. El problema es muy básico, mas no significa que la solución sea simple. Es un proceso de años de trabajo en los que probablemente Querétaro conocerá las beldades de la nueva Liga de Ascenso antes de volver a ascender. La clave es la constancia. Esperemos que ACIR -y confío en ello- no vea al Querétaro meramente como a un dólar en la crisis, que aumentado su valor lo cambie al mejor postor. Esperemos que ACIR entienda que tiene en sus manos una verdadera mina de oro y que si sabe invertir sus recursos y su tiempo, podrá tener, en vez de un dólar, muchos más, y de paso hacer que una institución con 59 años de historia sepa lo que es tener un verdadero equipo de futbol por primera vez desde hace ya mucho tiempo. Esperemos que, la siguiente vez que asciendan, en Querétaro ya haya todo un ejército de jugadores queretanos, con sentimiento hacia su equipo y comandados por los viejos lobos de mar de siempre: Margarito, Guadalupe y Mauro.

Mauro Gerk, ídolo queretano.
Hay que formar un proyecto a largo plazo. Hagan de un diamante en bruto una verdadera institución de futbol. Denle una alegría y gánense el corazón de toda una ciudad, de una afición que ha sido siempre fiel pese a los traspiés de su equipo. Eso también es negocio.
Valverde se saca la espina.
Por Laones Galli.

Por fin, Alejandro Valverde llega con la malla de líder al final de una gran vuelta.
Alejandro Valverde era uno de esos deportistas que están en el límite de la grandeza.
Un ciclista de etapas geniales e inolvidables, como aquel ascenso a Courchevel en el tour del 2005, doblegando a Armstrong en un increíble mano a mano.
Uno de esos que se convierten en líderes de equipo pero siempre tienen a los directores técnicos mordiéndose las uñas en los ascensos difíciles, anticipando la temida “pájara”, como le dicen en españa a eso que nadie sabrá nunca bien si tiene que ver más con la glucosa que con la mente o viceversa.
Un excelente clasicómano que, por algún motivo u otro, siempre defraudaba en las competencias de largo aliento.
Pues esos días se acabaron: hoy Valverde llegó con la malla oro a Madrid (será el último ciclista que lo haga: el año que viene pasará a ser roja) y ganó su primera gran vuelta. Se sacó de encima a Samuel Sánchez (segundo), a Cadel Evans (tercero. otro que vaya si tiene espinas que sacarse), a Ivan Basso (cuarto), a los Schleck (abandonaron los dos)… Pero sobre todo, se sacó de encima la pesada losa de ser el que siempre se queda en la puerta.
No es poca cosa.
“El tour y el mundial son objetivos razonables” dijo.
Algo de razón tiene, cuando se mata al fantasma de la derrota, todo puede ser.
Primera vez en el Camp Nou
Por Laones Galli.

Messi, convertido en el jugador mejor pagado del mundo, hizo dos goles. ¿Cuánto vale cada uno?
Ayer fui por primera vez al Camp Nou.
Pagué 52 euros, la entrada más barata.
Vi 7 goles, a 7.5 euros el gol.
Aunque no sé porque el último, el 5 a 2, de Messi, fue una obra de arte, una maravilla de pases rápidos de Iniesta (que volvió a jugar) y Dani Alves.Capaz que ese me salió 46 y los otros 1 euro cada uno.
Pero no, porque el primero, el de Ibrahimovic, viene de un pase de Busquets carísimo y la definición, al más puro estilo Romario, ¿cuánto vale?
¿Y el segundo (primero de Messi)? Bueno, no sabría decir porque el arquero (al igual que en el de Dani Alves) deja bastante que desear, a pesar del amague y del pase de xavi (carísimo también).
Ahora que lo pienso, en el gol de Keita, la jugada de Messi (que le da el pase) bien podía haber costado los 52 euros de la entrada y los otros goles ser de regalo. Capaz que sí.
Ayer fui por primera vez al Camp Nou.
(Ah, me olvidaba, también hizo uno agüero y otro forlán)
Este tipo no es humano
por Carlos Villalpando
Lo ha vuelto a hacer. El jamaicano Usain Saint Leo Bolt ha demostrado una vez más que es un prodigio de la naturaleza. En el Mundial de Atletismo, que se lleva a cabo en Berlín, Bolt ha asombrado al mundo una vez más en dos de las pruebas deportivas más espectaculares que existen.

Apunta a las estrellas, atlante. Bolt le hace honor a su nombre.
Un prodigio genético, a sus casi 2 metros de estatura tiene una coordinación motriz extraña para gente de su estatura. Además, tiene perfectamente controlado el TNT que lleva en sus poderosos e invencibles músculos. Hay que analizar lo que tal fenómeno de la naturaleza ha causado:
- El récord de los 100 metros planos se había logrado bajar 12 centésimas de segundo desde Carl Lewis, en el ’91, y hasta Asafa Powell, en el ’07. Notable, sí. Entonces llegó Bolt: de entrada, le bajó 2 centésimas (.02”) al récord de Powell. En poco más de un año (15 meses desde Nueva York) él sólo ha bajado su propio récord en 14 centésimas. Los demás tardaron 16 años en bajarlo 12. Él, en poco más de un año, lo ha bajado en 14.
- El récord de los 200 metros planos (se dice que la verdadera prueba más veloz del mundo deportivo) lo portaba orgulloso Michael Johnson, el mismo Johnson que nos deslumbró en Atlanta ’96, con un crono de 19”32. Este récord había sido reducido en 52 centésimas desde que se instauró el reloj electrónico, en México ’68, y hasta Atlanta ’96. Entonces volvió a llegar Bolt y de entrada rebajó otras 2 centésimas al récord en Beijing. Un año después, ha restado 11 centésimas (¡ONCE!) a su propio récord. En total, ha reducido el récord de Johnson por 13 centésimas.

A casi 6 metros de Edward, Bolt rompió su propia marca.
Bolt es de lo más destacado que hemos presenciado en el último año – y en toda la historia – en cuanto a lo que capacidades humanas se refiere. Nos ha asombrado, inspirado y dejado atónitos incluso cuando el atletismo ni nos vaya ni nos venga. Uno de aquellos fenómenos que la humanidad entera reconoce por su perfección, precisión y fortaleza. Un verdadero héroe moderno, como los que existen en los poemas y cantos griegos. Su carisma, además, lo ha hecho un personaje querido por muchos y odiado por los pocos dinosaurios que no comprenden que el deporte siempre fue un espectáculo. Bolt es un digno representante del potencial humano y es una máquina cuya perfección pocos olvidaremos.
Llegará un punto en que los récords se dejen de romper. Ese punto será cuando Bolt decida retirarse. Ave, Usain, y feliz cumpleaños.
El producto de la regla 20/11: marketing y emoción
por Carlos Villalpando
A cuatro años de que la regla 20/11 se instauró en nuestro futbol, hemos visto un sutil pero siempre benéfico cambio al sistema que se venía manejando antes.
México tiene la particular tendencia a temerle a lo joven y apostarle a lo experimentado. Esto no necesariamente es bueno ya que tiene varias repercusiones, por ejemplo:
1) Los futbolistas jóvenes, por simple estadística, siempre han sido los que mejor carrera desarrollan en un futbol de alto nivel. Es decir, mientras más jóvenes emigran, mejor les va. Ejemplos, muchos, pero para centrarnos en nuestro futbol: Andrés Guardado, Carlos Vela, Giovani dos Santos, Héctor Moreno y anteriormente Rafael Márquez y Hugo Sánchez. Existen honrosas excepciones, como Luis García y Carlos Salcido.
2) Un jugador joven es más fácil de moldear. Esto es bueno porque primero, se puede identificar mejor con el club en el que están (Omar Arellano, Javier Hernández, Guillermo Ochoa). Se vuelven, a su vez, promesas, presente y futuro del club, convirtiéndolos en emocionantes figuras en sus equipos. No es lo mismo una estrella con proyección que una estrella que no crecerá mucho más. La afición espera año con año verlos crecer hasta niveles que no conocemos. Daniel Ludueña difícilmente mejorará, y a pesar de ser ídolo y figura, ya vimos lo que tiene y no nos emociona ver lo que no ha mostrado. En cambio, no sabemos si a Arellano le espera una prometedora carrera en Europa (y creo que sí).

Las principales campañas de las principales marcas se centran en los jugadores jóvenes. Adidas se centra en Messi...
Estos dos ejemplos no sólo benefician al nivel sino al tipo y cantidad de mercadeo que se puede tomar del potencial de estas jóvenes estrellas. Yo siempre me he declarado fan del jugador joven por su inocencia, su picardía y su falta de maña. Esto no tiene nada que ver con el nivel futbolístico, sino con el tipo de futbol que se practica, sobre todo, en un país con una liga tan mañosa como la nuestra. Pero ésa es una opinión personal.
Veamos ahora las reales repercusiones futbolísticas que ha tenido esta regla. La Selección Nacional bajó considerablemente su promedio de edad y aunque en recientes meses nos ha dejado más dudas que satisfacciones, creo que es el camino a seguir. Las selecciones más potentes del mundo tienen en sus astros a jugadores jóvenes. Benzema, Ribéry, C. Ronaldo, Messi, Rooney, Torres, Fábregas, Robinho y centenares más son pilares en sus selecciones. Giovani dos Santos se va lentamente perfilando a ser el pilar de nuestra selección. Recordemos que apenas tiene 21 años. Le quedan 4 para ponerse al nivel de los mencionados anteriormente.

...y Nike en Rooney.
Es cierto que los jugadores más constantes tienen entre 26 y 30 años, sí, y probablemente también tengan mejor nivel futbolístico en general. Pero lo que hay que ver es que ellos son jugadores consagrados que, contrario a crecer, van a comenzar a descender. Es por eso que un Miguel Sabah, a sus 29 años, no es la respuesta al crecimiento de una selección nacional. Su súbito “repunte” no emociona a nadie. En cambio, tenemos nuestras esperanzas puestas en Vela y cada año esperamos que se consagre, a pesar de su juventud y la difícil competencia que tiene en su club y su liga. Confiamos y nos esperanzamos. Eso nos hace seguirlo, quererlo y tenerlo en una esfera de fanatismo muy distinta a aquella en la que está Sabah.

Lo joven ilusiona.
Hay quien dice que esta regla no sirve y que los talentosos debutarán jóvenes, con o sin regla. Este no ha sido el caso en México. Es una realidad que a los jugadores se les debutaba a los 22 o 23 años, edad en la que, para otras ligas, ya son muy viejos. Wayne Rooney tiene 24 años y llevamos 5 años o más escuchando de él.

Y lo joven vende.
Mercadológicamente también es favorable centrarse en jugadores jóvenes porque primero, representan el producto del trabajo de fuerzas básicas de un club (casi siempre) y como tal, su amor a la camiseta es mayor al de alguien que, en vez de tener 10 años con un club, ha tenido 10 clubes en 10 años. Esto engancha a la afición. Segundo, la “promesa” del potencial de un jugador sólo se podrá ver a futuro, con paciencia y trabajo. Esto también engancha a la afición a seguir a sus jóvenes, quienes los enamoraron por su espontáneo talento, su identidad con los colores y generan una emoción particular. Se dice “ahí se viene Arellano” entre los chivas, se dice “ahí se viene Ochoa” entre los americanistas, “ahí se viene Andrade” entre los cruzazulinos, “ahí se viene Juárez” entre los pumas. Es una particular emoción que engancha y que vende. Esto es innegable.

El futuro de muchos equipos ya es un presente gracias, en gran medida, a esta regla.
Dentro de todo, ¿ha servido la aplicación de esta regla? Creo que sí. Grandes talentos han surgido en estos últimos 4 años. Algunos para la liga local, otros para las ligas más importantes del mundo. Ejemplos, sobran. Desde Guardado hasta el “Chema” Cárdenas, nuestro futbol se ha visto renovado con emocionantes – y a veces decepcionantes – prospectos de un futuro brillante que podría venir. Esto ocurría, la diferencia es que antes gozábamos de estas promesas durante 3 años, en que eran ya “consagrados” y por edad misma, “estancados”. Ahora agregamos 3 a 5 años más a la emoción.
Con la cola entre las patas
Por Anjo Nava
Desde aquel 23 de mayo del año pasado, en el que todos los titulares hablaban del nuevo fichaje del Deportivo la Coruña –algo casi tan espectacular como los que hizo el Real Madrid durante este verano-, lo supe. Omar Bravo iba a ser parte de ese selecto grupo de jugadores mexicanos que, por alguna razón, tuvieron un cierto brillo en el futbol nacional, haciendo pensar a los promotores deportivos que podrían tener el mismo éxito en ligas extranjeras. Borgetti, Germán Villa y hasta el mismo Cuauhtémoc Blanco –sí, sí lo lesionó un trinitario loco, pero no triunfó- son ejemplos de jugadores prometedores que nada más no la hacen en Europa. Una de las posibles causas que a simple vista se pueden dilucidar es que están mucho más allá de su proceso formativo. Ya se saben las mañas y las cosas que aquí les dan un cierto éxito (dejarse caer al mínmo contacto, tirar ante fallas defensivas importantes, etc.) pero en ligas más competitivas no se pueden salir con la suya.
Es el mismo caso de Omar Bravo. Sus números con el Depor no cumplieron con las expectativas del club, y no era para menos: jugó nueve encuentros de liga, de los cuales sólo inició dos; disparó ocho veces, sólo cinco fueron al arco y anotó uno, de hecho, cometió más faltas (nueve) que disparos, además de que lo expulsaron una vez.
Tras una temporada desastrosa, el Depor prestó a Bravo por diez partidos a los Tigres (donde no logró ni una sola anotación). Posteriormente, la directiva gallega trató de vender y acomodar al sinaloense en algún otro equipo mexicano en la pasada edición del draft –ofreciéndolo como uno de esos productos milagrosos que anuncian en los informerciales, pero que no tienen ninguna credibilidad–, claramente, sin lograrlo.
Al terminar las vacaciones de verano, Bravo se reportó con los blanquiazules, logrando por fin, acabar con el contrato que lo amarraba por dos años más. Con carta en mano, Bravo inmediatamente se integró a las Chivas que después de dos partidos, no han logrado sumar un solo punto. Es indiscutible que lo necesitan. Pero esta vez es diferente; Bravo regresa, como el hijo que se salió muy temprano de casa, con las alas rotas.
Los jugadores mexicanos tienen que aprender que no siempre están listos –o simplemente no tienen lo que se necesita– para emigrar a otra liga, aun cuando en la propia parezca que derrochan talento. En México, si no se puede elevar el nivel de competencia en el torneo local, al menos en la parte formativa de jugadores se tiene que exigir más. Prepararlos para el día en el que un club extranjero se interese en ellos.






