Nike: la diosa de las derrotas.

Por Laones Galli

Varias personas en varias oficinas espaciosas con vistas a varias ciudades poderosas del mundo deben estar martillándose, o cercenándose, varias partes de sus cuerpos cercanas a la entrepierna: el comercial que Nike hizo para este mundial es el más sonoro compendio de fracasos que yo recuerde. Drogba, Cannavaro, Rooney, Ribery, Ronaldo: todos afuera; todos dando pobrísimas demostraciones de fútbol y alguno de ellos, el portugués sobre todo, también de caracter. Y justamente en un anuncio que habla de eso: del fracaso. Cabría preguntarse cuál ha sido el error de esta marca que ha tendido, en general, a los éxitos. Una respuesta sencilla podría ser que fallaron a la hora de elegir a sus estrellas, sin embargo, me parece que hay algo que va más allá de la fortuna o el acierto al escoger un protagonista; algo que tiene que ver con la ética.

Yo, que soy un admirador de la publicidad de Nike desde los ochentas, creo humildemente que se equivocan en su relación con el fútbol. Este anuncio no es más que el último ejemplo, tal vez el más claro, de una estrategia que tiene años y que vuelve muy difícil lidiar con los fracasos individuales porque exalta demasiado individualmente los triunfos grupales (de hecho, este comercial es perfecto como muestra, parece que hubiesen estado pidiendo que sucediera lo que sucedió). Pero, para mí, lo peor del caso es que tantos años de insistir en la heroicidad personal, han hecho mucho daño a la concepción de este deporte (el más importante del mundo), con cambios lamentables en la manera en la que es percibido, sobre todo por la gente que no lo entiende demasiado bien. Desde ya, Nike no es la única responsable de este cambio, pero tal vez sí sea una de las más importantes.

Como todo el mundo sabe, Niké es la diosa griega de la victoria, y fue en eso, precisamente, que Phil Knight basó su empresa desde el nombre: victoria. Esto resulta lógico para una compañía que vende ropa deportiva, sería cuando menos curioso que la basara en los fracasos (aunque me gustaría ver una marca que lo hiciera, pienso que no le iría nada mal); pero el problema es que hay distintas maneras de triunfar y la que publicita Nike es deudora de la sociedad de la que proviene: el american way of life, el individualismo extremo, cada uno por su cuenta y a luchar todos contra todos. Una mística que es muy seductora, desde luego, y que tiene numerosos ejemplos de grandes gestas en diferentes disciplinas, desde Babe Ruth hasta Michael Phelps, pasando por Lance Armstrong o Pete Sampras, pero que, según creo yo, no es la adecuada para el fútbol.

En el fútbol no siempre triunfa el equipo que tiene mejores individualidades, sumar estrellas no significa necesariamente ganar, pregúntenle a Florentino Pérez (y cuidado el sábado, Maradona). En el fútbol, normalmente, gana el equipo que juega mejor como equipo. Y atención señoritas que siguen los mundiales como si fueran revistas para adolescentes: jugar mejor no significa hacer siete goles por partido, ni saltar muchas veces sobre un balón estacionado en el campo como si se tratase de una danza ritual para hacer llover: jugar mejor significa un complejo sistema táctico de equilibrios que no siempre van a favor, hay que decirlo, del espectáculo en términos mediáticos. A veces un gran jugador es el que menos toca el balón durante el partido. A veces un gran jugador corre mucho pero no se ve tanto. A veces un gran jugador, debo decirlo con horror, es FEO. Y, <span style=”font-style:italic;”>”last but not least”</span>, como en cualquier juego, el ganador siempre será el equipo que jugó mejor (salvo errores arbitrales, por supuesto): por más que nos enamore el juego del Barça de Guardiola, el Inter de Mourinho es el campeón de Europa y por lo tanto es el que jugó mejor esa copa. Y punto pelota.

La primera vez que vi el anuncio en cuestión, lo que más me impresionó fue que, a pesar de lo que se narra, NO EMOCIONA; por el contrario, transmite una frialdad distante. Esto tiene que ver con la estética de video juego con la que está realizado y me parece que no es algo casual. Los jugadores vienen a la pantalla como se mueven sus avatares de Playstation, de un modo mecánico. Es como si el espectador, detrás de la consola, fuera quien comanda. Eres tú, en tu casa, en tu sillón, cómodamente instalado, el que sueña con ganar, el que “escribe el futuro” (algo parecido sucedía con el comercial de Guy Richie en cámara subjetiva, del año 2008, para la misma marca). El futuro es un individuo solo que sueña con una victoria solitaria conseguida por él mismo para él mismo y para que se erijan monumentos en su honor. Para Nike, ya no son los jugadores que van a ofrecer las victorias a los pueblos que representan, son los pueblos representados que homenajean a esos pocos elegidos que han triunfado. No es un cambio menor.

De hecho, y para no dejar rezagada a la diosa Niké, viendo la parte más despreciable del comercial, ese final en el que se descubre la estatua de Cristiano Ronaldo, recordé un pasaje en el que Arnold Hauser comenta, en el tomo I de su monumental “Historia social de la literatura y del arte”, el arte publicitario de las olimpíadas de la época arcaica griega. Dice Hauser: “La primera lista de vencedores se remonta al año 776 a. de C.; la primera estatua de vencedor fue erigida, según Pausanias, en el año 536 a. de C. ¿Acaso las estatuas de vencedores fueron creadas para despertar la emulación de una generación más débil, menos ambiciosa, más mezquina? Las estatuas de los atletas no buscaban el parecido; eran retratos ideales, que únicamente parecen haber servido para mantener el recuerdo de la victoria y hacer la propaganda de los juegos. El artista ni siquiera ha visto al vencedor una sola vez…” Extraigan sus propias conclusiones.

A mí no me gustan los jugadores de fútbol que aparecen en programas del corazón rodeados de señoritas bonitas (entre otras cosas porque no me gusta ese tipo de programas) o que son condecorados por una reina; a las historias que transmiten los homenajes de la tele prefiero las gestas que se cuentan las personas entre ellas por la calle, en los bares, en las oficinas; esas que crecen con cada nuevo narrador, esas en las que los héroes van agigantándose con el paso de los años. Si tuviera que escribir el futuro de este hermoso deporte, es así como lo haría. ¿Todavía podemos? O ya sólo lo escribirá cada uno en su Playstation.

Ahora me acuerdo de la publicidad de Adidas para el mundial de Alemania 2006, eso está un poco mejor…

Valverde se saca la espina.

Por Laones Galli.

Por fin, Alejandro Valverde llega con la malla de líder al final de una gran vuelta.

Por fin, Alejandro Valverde llega con la malla de líder al final de una gran vuelta.

Alejandro Valverde era uno de esos deportistas que están en el límite de la grandeza.

Un ciclista de etapas geniales e inolvidables, como aquel ascenso a Courchevel en el tour del 2005, doblegando a Armstrong en un increíble mano a mano.
Uno de esos que se convierten en líderes de equipo pero siempre tienen a los directores técnicos mordiéndose las uñas en los ascensos difíciles, anticipando la temida “pájara”, como le dicen en españa a eso que nadie sabrá nunca bien si tiene que ver más con la glucosa que con la mente o viceversa.

Un excelente clasicómano que, por algún motivo u otro, siempre defraudaba en las competencias de largo aliento.

Pues esos días se acabaron: hoy Valverde llegó con la malla oro a Madrid (será el último ciclista que lo haga: el año que viene pasará a ser roja) y ganó su primera gran vuelta. Se sacó de encima a Samuel Sánchez (segundo), a Cadel Evans (tercero. otro que vaya si tiene espinas que sacarse), a Ivan Basso (cuarto), a los Schleck (abandonaron los dos)… Pero sobre todo, se sacó de encima la pesada losa de ser el que siempre se queda en la puerta.

No es poca cosa.

“El tour y el mundial son objetivos razonables” dijo.

Algo de razón tiene, cuando se mata al fantasma de la derrota, todo puede ser.

Primera vez en el Camp Nou


Por Laones Galli.

Messi, convertido en el jugador mejor pagado del mundo, hizo dos goles. ¿Cuánto vale cada uno?

Messi, convertido en el jugador mejor pagado del mundo, hizo dos goles. ¿Cuánto vale cada uno?

Ayer fui por primera vez al Camp Nou.

Pagué 52 euros, la entrada más barata.

Vi 7 goles, a 7.5 euros el gol.

Aunque no sé porque el último, el 5 a 2, de Messi, fue una obra de arte, una maravilla de pases rápidos de Iniesta (que volvió a jugar) y Dani Alves.Capaz que ese me salió 46 y los otros 1 euro cada uno.

Pero no, porque el primero, el de Ibrahimovic, viene de un pase de Busquets carísimo y la definición, al más puro estilo Romario, ¿cuánto vale?

¿Y el segundo (primero de Messi)? Bueno, no sabría decir porque el arquero (al igual que en el de Dani Alves) deja bastante que desear, a pesar del amague y del pase de xavi (carísimo también).

Ahora que lo pienso, en el gol de Keita, la jugada de Messi (que le da el pase) bien podía haber costado los 52 euros de la entrada y los otros goles ser de regalo. Capaz que sí.

Ayer fui por primera vez al Camp Nou.

(Ah, me olvidaba, también hizo uno agüero y otro forlán)

El nuevo dios

Por Laones Galli.

Alberto Contador será "el hombre a vencer" en el Tour de Francia en la próxima década.

Alberto Contador será "el hombre a vencer" en el Tour de Francia en la próxima década.

Hoy por la tarde, Alberto Contador va a ganar su segundo Tour de Francia. Cuando, hace dos años, ganó el primero, se veía ya despuntar al ciclista que iba a dominar las grandes vueltas en los próximos años. Después ganó el Giro y la Vuelta a España. Pero es en este Tour que Contador afirma que, en la próxima década, su nombre será el que más se escuche en las crónicas ciclistas del verano boreal.

Ayer, cuando Andy Schleck (quien parece que será el Jan Ulrich de los próximos tours), lo atacaba con todo lo que tenía, una y otra vez, y otra vez, y Contador respondía sin demostrar fatiga, con esa danza leve que practica sobre la bicicleta, como si esta fuera de papel y sus piernas el aire, nadie podía dejar de ver al nuevo Dios. Venía de ganar el jueves la contrarreloj individual y no hay que ser un genio para darse cuenta de que si alguien es bueno en la contrarreloj, ni siquiera tiene que ser el mejor, y es buen escalador, será muy difícil que pierda en el Tour. Eso era algo que siempre supo el Dios que desciende, Lance Armstrong.

Repasemos el último año de Contador porque da miedo. No pudo correr el Tour 2008 por el eterno tema del dopaje, en este caso por él, sino por su equipo (un tour que, da la impresión, hubiera ganado con facilidad). Pero, como si estuviera enojado, ganó el Giro de Italia en junio, fue a las Olimpíadas en Agosto y se quedó a ocho segundos del bronce en la contrarreloj, y en setiembre ganó la Vuelta a España. Y todo eso con los 25 años que tenía entonces. Hoy, con 26, estará, por segunda vez, en el lugar más alto del podio en París.

“Será una foto histórica” dijo el de madrileño. Todas las fotos en París son históricas, pero es cierto que su primer tour estuvo dentro de esos tres años de nadie, después de la retirada de Lance. Incluso la forma en la que él accedió al maillot jaune en el 2007, con la descalificación de Rassmussen, no es la que un competidor de su talla hubiera deseado. “Cuando uno gana quiere que los que están atrás de él sean buenos y con nombre” agregó con la consciencia que sólo tienen los grandes campeones, los que saben que lo importante no es vencer sino cómo se obtiene la victoria.

Armstrong, el dios de la última década, vencido en Verbier. Una imagen que quedará para la historia.

Armstrong, el dios de la última década, vencido en Verbier. Una imagen que quedará para la historia.

“Tuve que ganar dos tours, uno en la ruta y otro en el hotel” dijo ayer, al finalizar la etapa en el mítico Mont Ventoux, sacándose toda la presión de arriba y explicitando lo que todos suponíamos. Pero así tenía que ser, porque así se forjan los héroes del Tour. El domingo pasado en Verbier la llama sagrada del ciclismo cambió de manos cuando Contador atacó y ni Armstrong, ni nadie, pudieron seguirlo. Era la imagen que faltaba, la del retador que derroca al rey.

Ahora, Lance promete que armará su propio equio (Radioshack, al parecer) con Bruyneel y se preparará mejor para el 2010. Ojalá lo haga, ojalá pueda, porque de los que hay ahora, ninguno parece que pueda hacerle sombra a este español que estará, año tras año, protagonizando las crónicas periodísticas deportivas de cada mes de julio.

El sueño del héroe

Por Laones Galli.

A los 33 años, Juan Manuel Gárate ganó su primera etapa en el Tour, nada menos que en el mítico Mont Ventoux.

A los 33 años, Juan Manuel Gárate ganó su primera etapa en el Tour, nada menos que en el mítico Mont Ventoux.

En esa roca lunar que se corona a los dos mil metros de altura con una especie de faro del parnaso, pelada por el permanente mistral incansable, que en mi recuerdo siempre tendrá a Lance Armstrong sorprendiendo al pirata Pantani para alcanzarlo y después dejarlo ganar, hoy un hombre llegó a la cima de su carrera.

A ver: ganar una competencia, cualquiera sea, es algo por lo cual sentir orgullo. Ganar a nivel profesional debe ser hermoso. Ganar a nivel mundial no se debe poder creer. Competir en el tour de francia ya es una gran victoria. Ganar una etapa del tour, bueno, la mayoría de los que lo hacen (exceptuando a los esprinters, demasiado acostumbrados) no puede evitar las lágrimas. Ahora: GANAR EN EL MONT VENTOUX, eso es convertirse en un héroe.

“Ayer soñé que ganaba, soñé que llegaba con Alberto (Contador) y él me dejaba ganar” dijo Juan Manuel Gárate a los micrófonos de tve después de la etapa, después de una fuga que se prolongó durante casi toda la etapa y que al llegar a los pies del ventoux no tenía más de dos minutos y parecía muerta. Sólo él y Tony Martin (el brillante juvenil) creyeron y sólo él tuvo el premio (ayudado, es cierto, por el férreo marcaje que pusieron los hombres del Astana, Contador y Armstrong, a los del Saxobank, Frank y Andy Schleck). A los 33 años, Gárate gana por fin una etapa del tour y se convierte en el único hombre en activo en haber conseguido victorias de etapa en las tres grandes vueltas. Pero será recordado para siempre por ese día de sueño en el ventoux. Todavía no se debe haber despertado.

Al más puro estilo Armstrong

Por Laones Galli.

Contador detrás de Armstrong antes del histórico ataque en Verbier.

Contador detrás de Armstrong antes del histórico ataque en Verbier.

Ayer fue un día muy importante para la historia del Tour de Francia. Un día que, a medida que pase el tiempo, se recordará como el fin de una era y el comienzo de otra. Todos estábamos esperando esta primera jornada y único final en alto de los Alpes. ¿Qué pasaría cuándo alguien atacará de verdad a Armstrong? ¿Podría Contador con el peso de esa responsabilidad? ¿Qué harían los demás? Al comienzo del ascenso, la tensión podía palparse incluso a través del televisor y, finalmente, todas las preguntas fueron respondidas en a penas diez o quince minutos.

Ya en los primeros metros de pendiente, el equipo Saxo Bank hizo lo que nadie había hecho hasta ahora, endurecer las condiciones, robarle el protagonismo al Astana, tratando de fraguar el ataque de Andy Schleck y aprovechando una escapada previa de Cancellara. En el pimer kilómetro, el grupo de los líderes se vio reducido tan solo a los candidatos, con tres Astanas allí: Armstrong, Kloden y Contador. Las pulsaciones se aceleraban, la emoción crecía, las piernas sufrían cada vez más. Y ahí, entonces, en uno de esos momentos que quedarán para siempre en el recuerdo, apareció la historia: Contador se separó un poco, miró al grupo, estudió las caras de todos, sobre todo la de Lance, y al más puro estilo Armstrong, dio la estocada que nadie fue capaz de contestar, cuando todavía quedaban más de cinco quilómetros de subida.

La cara de Armstrong lo decía todo: el hombre que había dominado la competición durante siete años, cuya célebre mirada de asesino todos temían en los Alpes, el héroe del Alpe d’huez, de Hautacam o de Luz-Ardiden, el de la épica escalada al Mont Ventoux junto a Pantani, el hombre al que las piernas siempre habían respondido, no encontraba las fuerzas y sufría. Ordenó a Kloden que impusiera un ritmo seguro y se puso a rueda, pero el daño ya estaba hecho. Saltó el menor de los Schleck y no pudo seguirlo, saltó Nivali y no pudo seguirlo, saltó el mayor de los Schleck y no pudo seguirlo, pasaron Wiggins, Sastre y Evans y el tejano no respondió.

Cuando Contador llegó a la meta y se vistió de amarillo, fue como si todo el mundo respirase aliviado. Antes que nada Alberto Contador, pero también la prensa, Bruyneel, los demás miembros del Astana, los espectadores y, yo creo, hasta el mismo Armstrong. La duda había sido resuelta y ahora todos podrán hablar de que un hombre de casi 38 años está ahí, segundo en el Tour y llegó con sólo 1:35 de diferencia. Ahora, viendo al hombre en toda su dimensión, viéndolo sufrir como sufren todos, podemos juzgar mejor las hazañas conseguidas.

Al ganar  Contador su primer Tour en el 2007 Lance no estaba. Faltaba este relevo, faltaba el ataque del joven al viejo. Porque los héroes, pregúntenle a Homero, para ser verdaderamente héroes, también tienen que morir y Verbier será recordado como la tumba de Armstrong. La pregunta ahora es: ¿Cuándo alguien hará lo mismo con Contador?

¡El rey ha muerto, larga vida al rey!

Con precisión quirúrgica, mejor dicho: contable.

Por Laones Galli.

Haciendo gala de su nombre, Alberto Contador calculó exactamente el momento en el que tenía que atacar, a dos quilómetros de coronar el puerto fuera de categoría de Arcalís, para dejar a Lance Armstrong dos segundos por detrás de él y recuperar el puesto de líder en un equipo, el Astana, al que parece muy difícil que alguien le haga daño.

Contador, con un ataque brillante en Arcalís, se puso a seis segundos del Maillot Jaune.

Contador, con un ataque brillante en Arcalís, se puso a seis segundos del Maillot Jaune.

La etapa más larga de toda la competencia, 224 quilómetros desde Barcelona hasta Andorra, tuvo uno de esos finales épicos inolvidables con la victoria del joven debutante francés Brice Feillou (segundo triunfo francés después del de Voeckler) y ese último ataque inesperado de Contador al que Armstrong no pudo o no quiso responder.

Eso fue ayer. Hoy, en una etapa muy movida en los pirineos, España obtuvo su primera victoria, en un final no apto para cardíacos, con un ciclista que me encanta: el murciano Luis León Sánchez del Caisse d’Epargne.

Luis León Sánchez obtuvo su segunda victoria de etapa en el Tour, la primera fue el año pasado, en un final dramático

Luis León Sánchez obtuvo su segunda victoria de etapa en el Tour, la primera fue el año pasado, en un final dramático

De cara a la etapa de mañana, final del bloque de los Pirineos con el mítico Tourmalet en medio, el AG2R del italiano Nocentini, actual líder de la general con sólo 6 segundos de renta sobre Contador, parece haber firmado un acuerdo de paz con el Astana que, por lo visto, no está demasiado interesado en quedarse con el Maillot Jaune todavía. Falta mucho, todo el mundo sabe que la tercera semana será de locos y Bruyneel entiende mejor que nadie que tener el Maillot implica muchísimo desgaste para cualquier equipo, incluso para este dream team del Astana que luce imbatible desde todo punto de vista.

Más allá de los detalles de casuística, sigue pareciendo claro que Contador vino a llevarse su segundo Tour, le pese a quien le pese. Ayer, en una etapa de mucho nerviosismo por ser la primera de alta montaña, donde todos se miraban y nadie se movía, él demostró que las piernas le responden. Psicológicamente obtuvo una gran victoria sobre todos los otros favoritos, incluyendo a su “compañero” Lance Armstrong, que, atención, estuvo ahí, aguantando todo el tiempo, para los que tenían dudas.