De la Final soñada y el futbol perfecto

Por Carlos Villalpando

Hay que decirlo así: El FC Barcelona es el merecido ganador de la batalla de Roma. Neutralizaron a un Manchester United desconocido, sin pies, cabeza o corazón. A partir del minuto 9, todo fue blaugrana. Felicidades al club y a sus seguidores, pues el día de hoy han logrado lo que muy pocos: consagrarse como uno de los mejores y más completos equipos de futbol que este bello deporte haya visto. Lo dije alguna vez: este Barcelona me parece el mejor de todos los tiempos; mejor que el de Maradona, Rivaldo y que el fabuloso dream team de los noventa. Mejor que todos ellos. Y es que en todas sus líneas no hay un frente flojo: desde Valdés que, aceptémoslo, ha mejorado enormidades desde aquel Valdés al que se le escapaban las pelotas cual si fueran de mantequilla, hasta una delantera explosiva con, para mi gusto, el mejor jugador del mundo. Podría haber sucedido que este partido se perdiera y aún así, sostendría mi argumento.

El Barcelona tricampeón

El Barcelona tricampeón. Foto: AFP

Lo que más resalta en mi mente sobre esta Final es el estilo de futbol practicado. Hay muchísimos estilos y formas de jugar al futbol: desde el catenaccio clásicamente italiano hasta el futbol vertical de los ingleses. Hay quienes creen, como Rafael Benítez, que el futbol es como la matemática y que si no es perfecto, algo no funcionó en la ecuación. Gigantes tácticos cuyo entendimiento del deporte sobrepasa a la mayoría. Hay quienes también piensan que primero ganar a jugar bonito (el Tuca Ferretti viene a la mente). Pero lo verdaderamente destacable de esta Final es la calidad de futbol ofrecido. Los dos mejores equipos del mundo (me parece que es indiscutible) juegan un futbol alegre, vistoso y lo que es más, efectivo. Los dos mejores jugadores del mundo, Messi y Ronaldo, practican un juego vistoso, gambetero, rápido, explosivo y efervescente. Esto es lo que más gusto me da: jugar bonito sí puede ser sinónimo de ganar.

Se puede discutir quién fue el genio culpable de que los jóvenes estén desarmando a los jugadores veteranos y lleguen a discutirse el título del mejor jugador del mundo. Algunos dirán que Ronaldinho, otros que Zidane y algunos irán tan lejos como para decir que el precursor de todo esto fue Diego Armando Maradona.

Yo recuerdo, a contraesquina de mi departamento en Madrid, en una cancha de futbol rápido, jugar contra escuincles de 10 y 15 años que, pesadamente influenciados por el juego de Ronaldinho, no tanto jugaban futbol como bailaban con el balón. Era un duelo de gambetas, fintas y demás alebrijes que jamás rebasaba la media cancha. Era cuestión de meter el pie, sacarles el balón y tirar para ganar. Pero fue el comienzo (algunos de esos niños estarían en edad de debutar con algún equipo si así quisieran dentro de poco) de lo que parece ser una nueva generación de futbolistas. Futbolistas con alma latina, sabor y candela, amor por el juego y sobre todo por la diversión que éste brinda.

Tras ver que los mejores jugadores del mundo tienen 21 (Messi) y 24 años (Ronaldo), me llena de ilusión el saber que la nueva oleada de jóvenes puede cambiar la cara de un futbol táctico, clásico e incluso en ocasiones aburrido para llenarnos los ojos de esperanza, maravillarnos con sus toques y sorprendernos con su descaro. Porque el futbol es un juego y hay que divertirse jugándolo.

Yo, humildemente, solamente agradezco la cortesía.

Ronaldo y Messi, los mejores del mundo

Ronaldo y Messi, los mejores del mundo

Barcelona está en Roma

Por Laones Galli

La ciudad de Barcelona ha vivido un mes de mayo muy particular: de festejo en festejo. A partir de la victoria 6 a 2 en el Santiago Bernabeu, las alegrías se sucedieron y los Barcelonistas (es decir una mezcla de Catalanes, sudamericanos, indios, chinos, pakistaníes, magrebíes y muchos etcéteras) no pararon de salir a las calles a festejar: primero con el agónico gol de Iniesta contra el Chelsea en semifinales de Champions, después con la probable victoria ante el Villarreal en el Camp Nou (festejo anticipado que no se concretó), después la Copa del Rey y finalmente la liga dos veces, cuando el Madrid perdió contra el Villarreal y el sábado pasado. De todos esos festejos, el de hoy, si se diera, sería, todo parece indicar, el más importante. Tal vez porque es el más difícil de conseguir.

La Rambla de Canaletes, lugar predilecto de los culés para los festejos.

La Rambla de Canaletes, lugar predilecto de los culés para los festejos.

Desde hace unas dos semanas, pero particularmente desde el show del sábado por la noche en el Camp Nou, ya no se habla de otra cosa en la ciudad. El azul grana del Barça junto con el amarillo y rojo de Catalunya tiñen los balcones dándole a las calles, de por sí coloridas, una expresión aun más alegre. En el transporte colectivo, en las oficinas, en los clubes deportivos, en los parques, en las plazas, los comentarios son siempre los mismos: ¿podremos frenar a Ronaldo?, ¿quién será el lateral izquierdo?, ¿jugarán Henry e Iniesta como titulares?, ¿podremos desarrollar nuestro juego? ¿marcará Eto’o?, ¿será Messi elegido el mejor jugador del año?…

En la televisión catalana pasa lo mismo. Desde los programas cómicos hasta los de arte hablan de fútbol. Hay, incluso, una serie de humor llamada “Crackovia” en la que se imita a los principales jugadores del equipo y al final cantan una canción que, con el ritmo de “we will rock you” de Queen, repite hasta el hartazgo: “Copa, Lliga i Champions.” Esa canción se escucha por todos lados. Ayer por la noche, en un programa cultural llamado “Ánima”, un coreógrafo estuvo comentando los pasos de baile de cada uno de los jugadores del equipo.

Una de las claves para esta noche: si Messi festeja, es probable que festeje toda Barcelona.

Una de las claves para esta noche: si Messi festeja, es probable que festeje toda Barcelona.

Es que los de Guardiola han ido haciendo crecer la ilusión de una hazaña que parecía imposible pero que hoy está a sólo 90 minutos de conseguirse. Una hazaña que sólo su rival de hoy ha conseguido: la triple corona (“Copa, Lliga i Champions”). Una hazaña que, para incrementar un poco más esas coincidencias que atraen a los medios, fue conseguida aquí, en Barcelona, en 1999. Diez años después, ésta ciudad ya no está aquí, está en Roma. Todos hacen planes para ver el partido: dónde, cómo y con quién. La tensión crece minuto a minuto, es probable que para las 8:45 la ciudad esté paralizada. La pregunta es si a eso de las once estará todo el mundo triste en sus casas o en las calles gritando el clásico: “¡Visca el Barça i Visca Catalunya!”