Los chicos presumen buenos papeles; los grandes presumen títulos

En este mundial equipos chicos han sorprendido con buen nivel. Colombia es el ejemplo más claro, mostrando buenos planteamientos, grandes goles y un juego colectivo de calidad. Costa Rica es otro ejemplo, aunque no tan evidente. México… sí, nos quedamos donde siempre pero en general la gente está conforme con el nivel que mostró la selección. Argelia, Bélgica, Chile, algunos equipos más medianos que chicos tal vez, pero bueno, el mundo se ha sorprendido con la calidad futbolística de los “no grandes”.Unknown

¿Pero los equipos grandes a qué hora aparecen? Algunos ya cayeron, pero Brasil, Alemania, Argentina y Holanda ahí siguen y, salvo alguno que otro partido, la mayoría de estas selecciones han dejado mucho que desear. No es tan raro que equipos históricos lleguen lejos avanzando sin mucho ruido pero ordenadamente, llegando con empates, goles de último minuto o triunfos en penales. Pero cada vez se ve más que los grandes ya no quieren dar el espectáculo que se espera de ellos. Brasil es el más claro ejemplo. El mundo espera fuegos artificiales en la cancha cuando salta la verdeamarela. Pero esta vez, el equipo de Felipao no juega ni bien ni bonito, pero gana (¡a todos menos a México, eh!). Y ahí está, en semifinales, sacando sin mucho sufrir a la selección colombiana que a todos tenía apuntallados.

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Y es que un equipo chico vive del consuelo de haber jugado bien, de llegar a la fase nunca antes alcanzada, de haberle empatado o ganado al grande, de anotar un gol vistoso. En Colombia debe reinar el dolor en este momento (el Brasil-Colombia terminó hace poco más de media hora), pero lo que quedará será el orgullo de lo conseguido. Igual en Costa Rica. Igual en México (grande, Piojo).

Los grandes, en cambio, de nada les sirve presumir que le ganaron a otro igual de grande, o que pasaron a cuartos, o que su goleador igualó al máximo goleador. Para ellos lo que importa son los títulos, las estrellas en la camiseta que se cuentan en unidades muy claras y no se prestan a debatir si fue una mejor o peor actuación que los últimos 6 mundiales. Lo importante es si ganaste la copa del mundo o no.

¡Ganamos jugando horrible!

¡Ganamos jugando horrible!

Y en esa estrella al final a nadie le importa si Argelia casi te gana en tiempo extra, o si Paco Memo paró todos los tiros de tus goleadores. Si no te llevas la copa, fracasaste y punto. Si te la llevas, no importa que hayas jugado horrible siete partidos. Así funciona y lo más probable a estas alturas es que, como debe ser, un grande gane este mundial, aunque esperemos que Holanda siga con su tradición de ser el Cruz Azul del mundo (sí, sigo ardido con los holandeses y no voy a tomar ni una Heineken hasta el próximo mundial).

 

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No es justo

Más de 24 horas han pasado desde la dramática eliminación de la selección mexicana en Brasil. Ha sido un lunes lúgubre, en el que caras largas pueblan las calles, oficinas, mercados, restaurantes y hogares de todo el país. Y no sólo es la tristeza por abandonar el torneo lo que nos tiene así. Al menos en mi caso es, más bien, un cúmulo de tantas injusticias, que es difícil elegir por cuál empezar.

No es justo el modo en que la suerte juega en el mundial. La suerte es de los grandes, punto. Se vio en el Brasil-Chile. Podrá ser una copa del mundo extraña, donde los equipos no habituales aparecen y ganan con mayor contundencia que los gigantes. Pero al final, en el momento decisivo, en el instante en que uno vuelve a casa y otro avanza, aparece la suerte de los grandes. Ya sea en forma de un error aprovechado por el contrario, una mala decisión arbitral o lo que sea. Sí, este mundial han caído algunos de los grandes, pero cuando veamos que en las semifinales están Brasil, Argentina, Holanda y Alemania, todo lo que sufrieron queda olvidado y la historia de los mundiales vuelve a la normalidad. Ser grande va acompañado de una suerte envidiable.

No es justo con la esperanzada afición empezar a jugar distinto, cuando todo se estaba haciendo tan bien. Nunca una selección mexicana había repetido alineación en los tres partidos de fase de grupos hasta ahora. La fórmula estaba funcionando y muy bien. Buscar el gol, idealmente anotarlo y una vez conseguido, seguir buscándolo. Pero la sombra de los mundiales pasados se viste de miedo a ganar, y el equipo se dedicó a cuidar un gol, sacrificando todas las armas, quemando las naves. Que los dioses nos agarren confesados si llegamos al tiempo extra, porque ya no hay forma de atacar, con un solitario y desdibujado Chicharito allá delante, a lo lejos.

Por otro lado, tampoco es justo atacar al Piojo, que agarró a un México que había hecho un lamentable hexagonal, para llevarlo a hacer su mejor actuación mundialista (discutible, pero esta es mi catarsis y de nadie más). Herrera llevó a la selección a ganar y casi consigue lo histórico. No es justo demeritar esto.

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No es justo que te roben dos goles legítimos en el primer partido. Pero aun más injusto es que cuando por fin anotas uno, el técnico te prive de meter el segundo y saldar esa cuenta pendiente. Giovani, Brasil te queda a deber.

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No es justo el comportamiento de esos ateos futbolísticos que tan de moda se han puesto y que esperaban con ansias este momento para lanzar sus “te lo dije” en este momento de dolor que sólo los creyentes del balón entendemos. No sean desgraciados. Si esta semana reciben respuestas violentas, no es nuestra culpa.

Para nada es justo el criterio de selección de árbitros de la FIFA. ¿Para qué convocan silbantes sudamericanos, asiáticos y africanos si van a poner a un árbitro de la UEFA a pitar un juego de Holanda? ¿No confían en ellos? Como si fuera tan confiable el trabajo de este venerable señor.

No es justo el clavado de Robben. Bueno, es obvio que no es justo. Es una trampa enorme e imperdonable. Lamentablemente, mucha gente, países enteros, defienden ese tipo de trampas. Las llaman “parte del juego”. Estoy de acuerdo con la premisa romántica del futbol que dicta que los errores arbitrales son parte del juego. Pero es diferente. Usar eso para engañar va en contra de toda la pureza y honor de un deporte como el futbol. Es cinismo. Un buen jugador (y Robben es un GRAN jugador) no debería necesitar hacer trampa, sin embargo lleva todo el mundial tirándose en el área. Mal, Arjen, no le haces justicia al deporte. No mereces sonreír de esa forma.

Maldito ladrón.

Maldito ladrón.

No es justo el proceso mental del árbitro, quien declaró que después de revisar al medio tiempo la jugada en la que Moreno se lesionó (la cual claramente era un penal) decidió que tenía que compensar a Holanda. Vaya momento elegiste para hacerlo.

No es justa la maldición de Rafa Márquez. Pedro y el lobo. Tantas veces ha perdido la cabeza en momentos clave con consecuencias desastrosas, que ahora no dudaron en marcarle penal.

No es justo que Héctor Herrera, jugando como lo hizo en todos los partidos, nunca pudiera meter un gol. Cada encuentro estuvo más cerca, pero la suerte, la maldita suerte…

No es justo llegar al minuto 85 ganándole a Holanda. Hubiera sido mejor que se marcara el penal que sí era (el de Moreno) y ya de ahí ver qué se podía hacer. Tal vez hubiéramos perdido, pero el dolor sería distinto. Llegar al 85 ganándole a Holanda es estar de pie, es tener la consciencia ya en el Ángel de la Independencia. Incluso para nosotros, los mexicanos, que estamos acostumbrados a entender que los milagros en octavos de final de la copa del mundo no ocurren, en el minuto 85 ya nos la creemos.

No es justo recuperar la fe mundialista de la infancia para después caer así. Durante la década de los 00s, me convencí de que los mundiales se disfrutan mucho más como niño y adolescente, conclusión a la que llegué simplemente porque disfruté Estados Unidos 94 y Francia 98 considerablemente más que, por ejemplo, Sudáfrica 2010. Pero este mundial me ha hecho darme cuenta de que en realidad hay mejores mundiales que otros, y éste es uno de ellos. Me ha transformado de nuevo en un niño que espera con ansias ponerse la camiseta y ver jugar su país. Y claro, la desilusión es proporcional. Cuando se ve tan cerca, el golpe es duro, tal como lo fue en esa fatídica tanda de penales contra Bulgaria en 1994.

No es justo pedir que no se hable de esto. Es duro, pero es la única forma de sacar la espina. Sobar la herida. Ver el clavado una y otra vez, analizarlo, maldecirlo; pensar en lo que podría haber sido. Lo que ya era al 85.

Y bueno, podría seguir enumerando todo lo que no me parece justo día y medio después de darle muchas vueltas al tema. Pero creo que la catarsis ya surtió algo de efecto. Al menos aproveché para escribir en este blog colectivo que llevaba muerto desde el mundial pasado.

No perdamos la esperanza de romper la maldición (sí, ya es una maldición, como la del Cruz Azul, pero de todos y hay que terminar con ella). No desesperemos. No es justo.

 

 

 

 

Se sobrevivió al anfitrión

Por Javier Manzanera

Por fin terminó la espera. Anoche me fui a la cama con un sentimiento muy similar al que experimentaba en la infancia cuando sabía que en algún momento de la noche Santa Claus dejaría algún regalo para mí en la sala. Y tal como ese personaje que alguna vez fui, abrí los ojos a las 6 de la mañana en punto, listo para encaminarme a casa de mi buen amigo Quique para abrir ese gran regalo que sólo llega cada cuatro años. Hoy no importaba llegar tardísimo al trabajo. Había que honrar un compromiso más importante.

La selección mexicana inaugurando el Mundial. Qué orgullo, qué responsabilidad y qué terror. Afortunadamente los sudafricanos estaban igual de nerviosos que nuestros compatriotas. Durante todo el primer tiempo cada pase dirigido a las bandas terminaba fuera de la cancha. Los centros llegaban a su destino, pero los remates volaban hacia cualquier lugar excepto adentro de la portería. De cualquier manera todo parecía soportable, porque parecía cuestión de minutos para que México abriera el marcador.

Pero no fue así. Santa Claus llegó pero el muy infame me trajo un pedazo de carbón. Estético y al ángulo pero carbón a fin de cuentas. Los goles del mundial tienen un sabor especial, pero es una tortura muy cruel esperar cuatro años para que el primer gol del mundial sea un golazo en contra de tu país. Es de lo más amargo que se puede sentir.

Eventualmente Aguirre se dio cuenta de que esa alineación que planeó en una borrachera, seguramente no era la mejor. Fue entonces cuando corrigió lo que pudo y metió los engranes que faltaban en el armado de jugadas de gol. Guardado y Cuauhtémoc ingresaron a la cancha y en cuestión de segundos construyeron lo que resultó en el gol de Márquez que nos devolvió la esperanza de lograr algo en esta Copa del Mundo. Qué fáciles somos.

Los nervios se dibujan en los rostros.

“Nos salió barato”, afirmaban algunos de mis amigos al sonar el silbatazo final. Y es que a fin de cuentas los sudafricanos encontraron por dónde. El Conejo Pérez se empeñó en otorgarle el triunfo al equipo local, pero afortunadamente ese poste tenía corazón azteca. El árbitro, tan criticado durante el primer tiempo por beneficiar a Sudáfrica, terminó siendo nuestro mejor amigo al no marcar un claro penal en contra de nuestra querida selección.

Se sobrevivió a la primera prueba. De milagro, pero se sobrevivió. Ahora esperemos que Aguirre ponga orden en donde haga falta y el próximo jueves nos muestre esa cara aguerrida de la selección que ya pudimos ver en el partido de preparación contra Italia.

Qué gigante ni qué nada.

Por Javier Manzanera

No voy a alabar a la selección. Al menos no todavía. Para eso está la prensa, cuyo extremismo es notable y cuya memoria es nula. Hace tres días todos los medios lanzaban declaraciones del orden de “esto no puede ser la selección de un país” y ahora las opiniones de los comentaristas están en el polo opuesto. Ayer, en el momento en que México iba ganando la final de la Copa de Oro por dos goles, los narradores de TV Azteca pasaron de atacar sin piedad a la selección a loarla y proclamarla el mejor equipo de CONCACAF, ¡cuando todavía faltaban más de 30 minutos por jugar! Rebosan profesionalismo estos señores.

Definitivamente no quiero demeritar el triunfo del Tricolor. Reconozco que ganar 5-0 no es cualquier cosa y también reconozco que al menos tres de los goles devinieron de jugadas colmadas de precisión y buen espectáculo. Pero tampoco podemos saltar a decir que otra vez México es el gigante de CONCACAF. Yo sigo insistiendo que no me voy a convencer de la presunta mejora hasta que logren remontar un marcador adverso, situación que hace mucho no se consigue.

El dúo dinámico de la victoria de ayer.

El dúo dinámico de la victoria de ayer.

Afortunadamente Giovani y Vela ya vuelven a jugar como equipo y a moverse en la cancha como auténticos jugadores europeos, que no sólo construyen buen futbol, sino que disfrutan hacerlo. No cabe duda de que sí hay por dónde mejorar. Las herramientas existen y la esperanza no ha muerto, pero no nos hagamos ilusiones por una goliza que va acompañada de demasiados factores generadores de escepticismo.

Lo bueno es que la revancha no se hará esperar más que un par de semanas, cuando México y Estados Unidos se vuelvan a enfrentar –ahora con equipos completos- en el hexagonal eliminatorio de la Copa del Mundo. Ahí sí veremos la verdadera cara de esta supuesta mejora en la selección. Si perdemos (escenario cuya plausibilidad debemos admitir en todo momento, para evitar la depresión colectiva), ya estaremos escuchando a los Alarcones, Martinolis, Bermudeces y Marines contradiciendo todo lo que pomposamente adornaban ayer.

México quiere encontrar el rumbo

Por Javier Manzanera

Sucedió. México goleó 4-0 a Venezuela. Algunos dicen que fue una victoria convincente y con buen futbol. Otros aseguran que cualquiera golearía a una los sub 20 de Venezuela y que contra la selección “A” no hubiéramos podido.

Todos los ojos están sobre ti, mi estimado

Todos los ojos están sobre ti, mi estimado

Es muy difícil determinar si las cosas ya están empezando a funcionar. Lo que pasa es que la prensa mexicana tiene memoria de pez beta. Cualquier derrota es motivo de acusaciones arteras y llanto, mientras que una victoria 4-0 basta para loar al más incapaz.

Es un hecho que es muy pronto para decir si el rumbo está corregido, pero sí podemos afirmar ciertas cosas, de las cuales enumero cuatro:

1. Giovani jugó –por primera vez en su historia con la selección mayor- bien todo el tiempo que estuvo en la cancha, se movió muy bien por el terreno de juego, metió un golazo, otro de chiripa y puso uno que otro pase de enorme calidad; lástima que Vela se vuelve loco a la hora de definir.

2. Algunos de los nombres aparentemente desentonados de la convocatoria, hicieron un trabajo bastante decoroso, callando algunas bocas. Especialmente me viene a la mente el camotero Noriega, que resultó uno de los principales protagonistas en el armado de jugadas del Tri, participando correctamente en uno de los cuatro tantos.

3. Miguel Sabah no debe ser titular en la selección, al igual que Fausto Pinto y algunos más. Pero bueno, para eso están supuestamente los “europeos”, que ya llegarán algún día a resanar los notables huecos de los que la alineación tricolor adolece.

4. Javier Aguirre tiene que abandonar sus creencias respecto a los naturalizados. Llama a uno cada tres siglos. Vasco, Sinha tiene que estar en la selección, aunque sea en la banca. Es una herramienta fundamental.

La presión en la eliminatoria futbolista sigue siendo un enorme fantasma que se cierne sobre la cada vez más blanca cabeza de Javier Aguirre, pero el Vasco está de suerte, porque tiene frente a él toda una Copa de Oro llena de selecciones teóricamente incompletas –que no por ello fáciles- en la cual podrá hacer lo que Eriksson nunca se dignó a hacer: dar continuidad a una misma base de jugadores. No importa que muchos no tengan gran experiencia en selección; ya es momento de que se refresque un poco la nómina de futbolistas seleccionados, y es mandatorio aprovechar este verano de Copa de Oro para en verdad conformar a un equipo como tal -claro, con los huecos anteriormente mencionados- y así, tal vez, poder salir del atolladero en el que estamos refundidos.

Ayer se ganó bien de acuerdo a lo que el partido presentaba, pero yo quiero ver a la selección jugando bien y ganando en un partido que empiece perdiendo, porque el Tri es experto en desmoronarse al ver un marcador adverso, por más ínfimo que sea. Cuando eso suceda, empezaré a considerar dejar de lado ese escepticismo que encontró lugar en mí desde la –a mi gusto- terrible era Lavolpista. Ya veremos qué sucede durante las próximas semanas.

Mesianismo necio

Por Javier Manzanera

La historia reciente de la selección mexicana vuelve a repetirse y por alguna extraña razón la mayoría de la gente sigue sorprendiéndose. Lo que pasa es que en México tenemos la penosa costumbre de poner auténticas esperanzas en la gloriosa llegada del que vendrá a salvarnos. Tal vez esto se deba, en cierta medida, al fanatismo religioso que pulula en la sociedad y que tiende a ser extrapolado a otros aspectos de la vida (sobre todo al futbol); o probablemente tenemos esta creencia de la llegada milagrosa del elemento mesiánico al Tricolor simplemente porque en el pasado se han dado ocasiones en las que sí ha funcionado, como la primera era de Aguirre.

La tan anunciada importación de Nery, la espera del ascenso de Giovani y Vela a la selección mayor, el rimbombante arribo de Eriksson al mando, todos ellos fueron momentos recientes en los que todo el país esperaba que la llegada de una persona pusiera orden al caos crónico que se vive en la selección nacional, un equipo lleno de nombres y currícula altisonantes, pero carente de unidad.

Aguirre, el mesías del momento.

Aguirre, el mesías del momento.

Ahora nos enfrentamos cara a cara con la cruda realidad: no se puede revolucionar por completo un equipo mediocre tan fácilmente. En el aire flotaba la dulce creencia de que el regreso de Javier Aguirre iba a terminar con el mal momento, llevando al equipo de todos a esa parte medular de la salud mental de todos los aficionados: la Copa Mundial de FIFA. Todos queríamos creer que era tan sencillo, y al parecer el mismo Vasco estaba convencido de sus poderes mesiánicos, porque se la tomó con mucha calma y confió en que 14 entrenamientos con jugadores desconocidos (claro, excepto el Conejo, kafkiano titular) eran suficientes para ganar un partido que hoy por hoy es preocupante para una selección que no debería tener problemas para vencer a ningún equipo de Centroamérica.

Así las cosas, la clasificación al Mundial sigue complicándose y si llega a lograrse puede resultar en un ridículo en escaparate global. ¿Qué será mejor para México?, ¿llegar a Sudáfrica para conservar la salud mental de los aficionados o quedarse en casa y evitar la humillación?

Cuando el Estudiante canta, el Tecolote muere.

Por Javier Manzanera

Finalmente se le hizo al Fabiruchis del futbol mexicano. Juan José Frangie, después de fracasar en el intento de renovar la imagen de varios equipos de nuestro país, por fin lo ha conseguido con los Tecolotes, que a partir de hoy se llaman Estudiantes de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Desde que entró como socio, Frangie ha insistido en llevar a cabo esta redefinición de la imagen del equipo, como parte de una estrategia de mercadotecnia para explotar el gran potencial que el empresario ve en la institución. Se modificarán nombre y escudo, y hasta los colores del uniforme –que ahora vestirá la palomita de Nike- sufrirán una metamorfosis, dejando los tradicionales cuadros rojos por motivos amarillos y negros. Según Frangie, de esta manera la comunidad universitaria y de egresados tapatíos se identificarán más con el equipo .

¿Le confiarías la renovación de tu equipo a él?
¿Le confiarías la renovación de tu equipo?

Suena más o menos convincente el argumento referente a la comunidad universitaria, dado que a diferencia de Pumas, Tecos nunca se ha dado a percibir contundentemente como un equipo representante de una institución educativa. Sin embargo, lo que yo veo en el fondo es una prueba más de que siempre que se busca introducir algo nuevo al futbol mexicano, terminamos copiando lo que vemos en Sudamérica.

Varios equipos de nuestro país han tropicalizado las porras de Boca Juniors. Tampoco tuvimos problema en llamar a los torneos cortos “Verano” e “Invierno” durante el período en que así se llamaban en Argentina. cuando en realidad la mayor parte de cada torneo ni siquiera tenía lugar durante la estación que lo bautizaba. Ahora, un empresario busca un nombre para su rejuvenecido equipo y le resulta muy fácil tomar el nombre de uno de los equipos de la primera división argentina.

No digo que sea malo tomar las experiencias de otros como información útil para aplicar a casos propios, pero imitar descaradamente tantos detalles puede provocar un cuadro severo de pena ajena. Por lo pronto, hoy Juan José Frangie presentará oficialmente su proyecto; ya veremos qué tan innovador resulta.