El abuelo decía…

Por Golden

¡El futbol mexicano está creciendo!

hugo86

1986

Sabemos que nuestra descendencia por definición o convención, recibe como herencia no sólo aspectos inherentes a la fisiología de los individuos que necesariamente servirán para ser reconocidos como integrantes de cierto núcleo familiar: nariz aguileña o chatita, ojos en forma de avellana que expresan calma y gran asombro por lo exterior; sino también carácter, fobias, conducta y, hasta ciertas mecánicas corporales son aprendidas por imitación durante la siempre necesaria y no siempre deseada convivencia diaria con nuestra tribu. Desgraciadamente la supervivencia rige sobre los deseos en tanto accedemos a la libertad de acción y pensamiento. Como resultado también mi padre llegó a decir: ¡el futbol mexicano está creciendo!

Responsabilizar a nuestros padres de accidentes propios siempre ha sido un recurso fundamental y en extremo necesario, por lo que me absuelvo de cualquier responsabilidad ante futuras o posibles generaciones. Reconozco haber mencionado la lapidaria frase que mi abuelo y padre nunca dudaron exponer en cuantiosas pláticas sobre una mesa –o a un costado de ésta- después de grandes o escuetas comidas acompañadas de brebajes inciertos. Este mecanismo de culpa y defensa tiene que ser abolido al menos en el ámbito deportivo, si algún día queremos tener éxito en el mismo; abolido en el resto de los ámbitos para sólo así mejorar nuestra calidad de vida; evidentemente nunca promoviendo la ignorancia o ausencia del pasado. Nimiedades como descalificaciones de representativos nacionales de competencias mundiales por actos ilícitos o fracasos deportivos, federaciones corruptas, políticas deportivas erróneas, medios de difusión acríticos y en demasiadas ocasiones cómplices de las mafias que rigen el deporte son las causas del fracaso deportivo en nuestro país. Seriedades como las ya conocidas por todos merecen otro espacio y distinto expositor, pero voy a cometer el atrevimiento de mencionar una sola. Recuerdo haber visitado Tepotzotlán hace muchos años y la gran mayoría de esos recuerdos tienen un matiz verde y frío. A tan corta edad no se puede apreciar la orgullosa y rebosante arquitectura del convento jesuita, pero si la percepción del aquí y el allá, separados, distanciados por el frío y lo verde: el bosque; actualmente no sólo debemos padecer a los “chimecos” para visitar Tepotzotlán, sino sufrir lo eternamente gris. La ausencia de distancia verde y fría tiene responsabilidad paterna.

Así es nuestro futbol: gris. Vive únicamente de la esperanza, de lo posible, para siempre caer en la desgracia, en el fracaso; es resultado del sistema de competencia que premia la mediocridad y no el trabajo, pero garantiza resarcimiento económico desmedido. Tenemos que sufrir decenas de partidos que no tienen finalidad alguna. Los equipos compiten únicamente en contra de dos o tres adversarios por la clasificación a otro torneo, que les va a permitir esconder bajo la alfombra cuatro meses de fastidio con sólo un objetivo: el incremento exponencial de la audiencia y el inherente aumento de tarifas publicitarias. Ésa es la oferta que elegimos: una segunda oportunidad; y vaya que satisface la demanda… el seleccionado mexicano de futbol compite con los grandes del orbe: Brasil, Argentina, Alemania, Italia, Francia, Inglaterra; pero sólo en el ámbito comercial, no en el deportivo.

Los aficionados somos responsables del fracaso porque alegremente lo compramos, incentivo perverso para las grandes mafias propietarias del futbol.

¡El futbol mexicano debe crecer!

2009

2009