¡Olé, Chaco!

Por Javier Manzanera

Sé que estamos en un momento en que la xenofobia nos rodea y que particularmente Argentina nos hace el feo como país. Pero por ahora eso no importa. El técnico de la selección albiceleste Diego Armando Maradona (de cuya capacidad para el cargo todavía tengo muchas dudas) dijo ayer que Christian “el Chaco” Giménez será considerado para las eliminatorias mundialistas que están por venir.

Merecido seleccionado

Merecido seleccionado

En México llevamos ya varios años gozando de la enorme habilidad futbolística de este jugador y el torneo actual no ha sido la excepción. Qué bueno que su calidad es finalmente reconocida como debe ser y qué bueno también que el Chaco se creó en Boca Juniors, porque si proviniera de otro club dudo mucho que el Diego lo hubiera tomado en cuenta. Aceptémoslo, Maradona actúa guiado por su pasión y ésa es una de las tantas razones de la incondicional idolatría que le guardan sus devotos fieles.

Esperemos que tanto Christian Giménez como Federico Vilar tengan la oportunidad de demostrar su calidad con el combinado argentino, o que al menos ayuden a evitar que Bolivia les vuelva a propinar otra vergonzosa goliza en el futuro.

¡Albricias, Chaco!

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Súper

Por Ana Dávila

Todavía hay un poco de tiempo. Antes que el drama del descenso acapare todas las pantallas y todas las portadas, hay una oportunidad de hablar de ese par de equipos, allá arriba de la tabla, los “superlíderes”, si pudieran ser dos.

Ser superlíder está un poco devaluado hoy en día. Puede ser por varias cosas, personalmente creo que esto pasa, primero, porque no suele ser el número uno de la tabla quien se queda con el título, y segundo, porque normalmente los “grandes” no terminan de superlíderes y las miradas se dirigen a otros lados. Es lo de menos.

Las figuras

Las figuras

Hoy hay dos. Hoy uno va a quedarse con esa posición, la que permite recibir las vueltas en casa, con el calor de una afición que va al estadio con la plena convicción de que todo saldrá bien. La que garantiza una final en casa, qué privilegio. No es casualidad que se infle el ego de los aficionados superlideristas: el tener un equipo que deje una sonrisa de oreja a oreja cada fin de semana es un lujo que muy pocos pueden darse. Tampoco es suerte la cosecha de puntos, semana a semana, dejando escapar sólo unos pocos y lamentándolo como si se hubiera perdido.

Y sólo son dos, los únicos que como líderes generales han levantado la copa: un Toluca fuerte, ordenado, efectivo y ganador –dos derrotas en los últimos 27 encuentros no podrían ser más elocuentes- y un Pachuca aplastante, dinámico y equilibrado, con una clarísima idea del trabajo en conjunto, de cómo jugar y jugar bien.

El superliderato Pachuca lo tiene en sus manos. Tendrán que ganarle a un Atlas que, hambriento de liguilla, poco cederá a los tuzos en casa. Los zorros, con la contra de que no contarán con su afición, esa que, como ninguna, ha aguantado años de sequía sin quejas y con toda la ilusión, hoy crecida con su “jefe” Lavolpe.
Los Diablos, en cambio, se enfrentarán a un San Luis que ya no se juega nada y por si fuera poco, mal y de malas después del fiasco de la Libertadores.
Parecería una ecuación sencilla pero sucede que… todo puede suceder.

Una final entre escarlatas y tuzos -lo que más se parecería a un cierre de torneo largo- es una fuerte posibilidad. Y qué justa sería. Porque a diferencia de otros torneos, la disparidad entre ambos conjuntos y el resto de los equipos es demasiado palpable. Como el dinero y el amor, la constancia, los números y el nivel no se pueden ocultar.

Un Chaco Giménez inspirado –e inspirador-, Damián Álvarez al cien y Mendivil que despertó con hambre o un Mancilla goleador, Sinha brillante y de líder Da Silva. ¿Quién será el guapo que le pegue a estos dos gigantes? Hagan sus apuestas.