Qué gigante ni qué nada.

Por Javier Manzanera

No voy a alabar a la selección. Al menos no todavía. Para eso está la prensa, cuyo extremismo es notable y cuya memoria es nula. Hace tres días todos los medios lanzaban declaraciones del orden de “esto no puede ser la selección de un país” y ahora las opiniones de los comentaristas están en el polo opuesto. Ayer, en el momento en que México iba ganando la final de la Copa de Oro por dos goles, los narradores de TV Azteca pasaron de atacar sin piedad a la selección a loarla y proclamarla el mejor equipo de CONCACAF, ¡cuando todavía faltaban más de 30 minutos por jugar! Rebosan profesionalismo estos señores.

Definitivamente no quiero demeritar el triunfo del Tricolor. Reconozco que ganar 5-0 no es cualquier cosa y también reconozco que al menos tres de los goles devinieron de jugadas colmadas de precisión y buen espectáculo. Pero tampoco podemos saltar a decir que otra vez México es el gigante de CONCACAF. Yo sigo insistiendo que no me voy a convencer de la presunta mejora hasta que logren remontar un marcador adverso, situación que hace mucho no se consigue.

El dúo dinámico de la victoria de ayer.

El dúo dinámico de la victoria de ayer.

Afortunadamente Giovani y Vela ya vuelven a jugar como equipo y a moverse en la cancha como auténticos jugadores europeos, que no sólo construyen buen futbol, sino que disfrutan hacerlo. No cabe duda de que sí hay por dónde mejorar. Las herramientas existen y la esperanza no ha muerto, pero no nos hagamos ilusiones por una goliza que va acompañada de demasiados factores generadores de escepticismo.

Lo bueno es que la revancha no se hará esperar más que un par de semanas, cuando México y Estados Unidos se vuelvan a enfrentar –ahora con equipos completos- en el hexagonal eliminatorio de la Copa del Mundo. Ahí sí veremos la verdadera cara de esta supuesta mejora en la selección. Si perdemos (escenario cuya plausibilidad debemos admitir en todo momento, para evitar la depresión colectiva), ya estaremos escuchando a los Alarcones, Martinolis, Bermudeces y Marines contradiciendo todo lo que pomposamente adornaban ayer.

México quiere encontrar el rumbo

Por Javier Manzanera

Sucedió. México goleó 4-0 a Venezuela. Algunos dicen que fue una victoria convincente y con buen futbol. Otros aseguran que cualquiera golearía a una los sub 20 de Venezuela y que contra la selección “A” no hubiéramos podido.

Todos los ojos están sobre ti, mi estimado

Todos los ojos están sobre ti, mi estimado

Es muy difícil determinar si las cosas ya están empezando a funcionar. Lo que pasa es que la prensa mexicana tiene memoria de pez beta. Cualquier derrota es motivo de acusaciones arteras y llanto, mientras que una victoria 4-0 basta para loar al más incapaz.

Es un hecho que es muy pronto para decir si el rumbo está corregido, pero sí podemos afirmar ciertas cosas, de las cuales enumero cuatro:

1. Giovani jugó –por primera vez en su historia con la selección mayor- bien todo el tiempo que estuvo en la cancha, se movió muy bien por el terreno de juego, metió un golazo, otro de chiripa y puso uno que otro pase de enorme calidad; lástima que Vela se vuelve loco a la hora de definir.

2. Algunos de los nombres aparentemente desentonados de la convocatoria, hicieron un trabajo bastante decoroso, callando algunas bocas. Especialmente me viene a la mente el camotero Noriega, que resultó uno de los principales protagonistas en el armado de jugadas del Tri, participando correctamente en uno de los cuatro tantos.

3. Miguel Sabah no debe ser titular en la selección, al igual que Fausto Pinto y algunos más. Pero bueno, para eso están supuestamente los “europeos”, que ya llegarán algún día a resanar los notables huecos de los que la alineación tricolor adolece.

4. Javier Aguirre tiene que abandonar sus creencias respecto a los naturalizados. Llama a uno cada tres siglos. Vasco, Sinha tiene que estar en la selección, aunque sea en la banca. Es una herramienta fundamental.

La presión en la eliminatoria futbolista sigue siendo un enorme fantasma que se cierne sobre la cada vez más blanca cabeza de Javier Aguirre, pero el Vasco está de suerte, porque tiene frente a él toda una Copa de Oro llena de selecciones teóricamente incompletas –que no por ello fáciles- en la cual podrá hacer lo que Eriksson nunca se dignó a hacer: dar continuidad a una misma base de jugadores. No importa que muchos no tengan gran experiencia en selección; ya es momento de que se refresque un poco la nómina de futbolistas seleccionados, y es mandatorio aprovechar este verano de Copa de Oro para en verdad conformar a un equipo como tal -claro, con los huecos anteriormente mencionados- y así, tal vez, poder salir del atolladero en el que estamos refundidos.

Ayer se ganó bien de acuerdo a lo que el partido presentaba, pero yo quiero ver a la selección jugando bien y ganando en un partido que empiece perdiendo, porque el Tri es experto en desmoronarse al ver un marcador adverso, por más ínfimo que sea. Cuando eso suceda, empezaré a considerar dejar de lado ese escepticismo que encontró lugar en mí desde la –a mi gusto- terrible era Lavolpista. Ya veremos qué sucede durante las próximas semanas.