México quiere encontrar el rumbo

Por Javier Manzanera

Sucedió. México goleó 4-0 a Venezuela. Algunos dicen que fue una victoria convincente y con buen futbol. Otros aseguran que cualquiera golearía a una los sub 20 de Venezuela y que contra la selección “A” no hubiéramos podido.

Todos los ojos están sobre ti, mi estimado

Todos los ojos están sobre ti, mi estimado

Es muy difícil determinar si las cosas ya están empezando a funcionar. Lo que pasa es que la prensa mexicana tiene memoria de pez beta. Cualquier derrota es motivo de acusaciones arteras y llanto, mientras que una victoria 4-0 basta para loar al más incapaz.

Es un hecho que es muy pronto para decir si el rumbo está corregido, pero sí podemos afirmar ciertas cosas, de las cuales enumero cuatro:

1. Giovani jugó –por primera vez en su historia con la selección mayor- bien todo el tiempo que estuvo en la cancha, se movió muy bien por el terreno de juego, metió un golazo, otro de chiripa y puso uno que otro pase de enorme calidad; lástima que Vela se vuelve loco a la hora de definir.

2. Algunos de los nombres aparentemente desentonados de la convocatoria, hicieron un trabajo bastante decoroso, callando algunas bocas. Especialmente me viene a la mente el camotero Noriega, que resultó uno de los principales protagonistas en el armado de jugadas del Tri, participando correctamente en uno de los cuatro tantos.

3. Miguel Sabah no debe ser titular en la selección, al igual que Fausto Pinto y algunos más. Pero bueno, para eso están supuestamente los “europeos”, que ya llegarán algún día a resanar los notables huecos de los que la alineación tricolor adolece.

4. Javier Aguirre tiene que abandonar sus creencias respecto a los naturalizados. Llama a uno cada tres siglos. Vasco, Sinha tiene que estar en la selección, aunque sea en la banca. Es una herramienta fundamental.

La presión en la eliminatoria futbolista sigue siendo un enorme fantasma que se cierne sobre la cada vez más blanca cabeza de Javier Aguirre, pero el Vasco está de suerte, porque tiene frente a él toda una Copa de Oro llena de selecciones teóricamente incompletas –que no por ello fáciles- en la cual podrá hacer lo que Eriksson nunca se dignó a hacer: dar continuidad a una misma base de jugadores. No importa que muchos no tengan gran experiencia en selección; ya es momento de que se refresque un poco la nómina de futbolistas seleccionados, y es mandatorio aprovechar este verano de Copa de Oro para en verdad conformar a un equipo como tal -claro, con los huecos anteriormente mencionados- y así, tal vez, poder salir del atolladero en el que estamos refundidos.

Ayer se ganó bien de acuerdo a lo que el partido presentaba, pero yo quiero ver a la selección jugando bien y ganando en un partido que empiece perdiendo, porque el Tri es experto en desmoronarse al ver un marcador adverso, por más ínfimo que sea. Cuando eso suceda, empezaré a considerar dejar de lado ese escepticismo que encontró lugar en mí desde la –a mi gusto- terrible era Lavolpista. Ya veremos qué sucede durante las próximas semanas.

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Sí o no

Por Anjo Nava

Si tan sólo el Tri jugara con la misma pasión

Si tan sólo el Tri jugara con la misma pasión

Un tremendo acorde de guitarra antecedía la canción de 1981, “Should I Stay or Should I Go“, en la que Mick Jones, guitarra principal de The Clash, tomaba el micrófono para preguntarse si debe, o no, irse de algún lugar ⎯probablemente del lado de su mujer⎯. Mientras tanto, Joe Strummer se encargaba de traducir los coros en un rústico castellano: “Me debo ir o quedarme”. Cuando se trata de nuestros querido Tricolor, surge la misma pregunta.

No cabe duda que todos, como mexicanos, queremos tener participación en la próxima copa del mundo. El sentimiento que produce tener un representativo en dicho evento es, por demás, emocionante. En los días de partido, las calles se vacían y las televisiones se rodean. No importa la hora en la que sean transmitidos, la gente ajusta sus despertadores para verlos, aunque sea en plena madrugada. Las conversaciones se vuelven monotemáticas. Bueno, y ¿qué decir sobre lo que representa económicamente para tantas y tantas industrias? Desde las televisoras, hasta los fabricantes de banderitas que se venden en las calles, el mundial es un negocio redondo. Y justamente por eso la canción de Mick Jones cobra tanto significado. ¿No es momento, acaso, de perdernos de un mundial y darle una buena sacudida a la Federación Mexicana de Futbol? ¿No vale la pena sacrificarnos hoy, por tener un mejor y más digno futbol, mañana?

Un tren, sin escalas, a la mediocridad

Un tren, sin escalas, a la mediocridad

México juega en unas cuantas horas, frente a una afición escéptica, castigadora y reprochona. México debe convencer, más allá de ganar. Demostrar que merece un puesto en semejante competencia. Que merece codearse con la crema y nata del futbol. Que merece compartir un mismo espacio con los Messis, Torres, Alves, Ronaldos, Iniestas, Rooneys y Ballacks del mundo. Y, ¿si no? Es mejor no ir. Es mejor “tocar fondo”, en serio, y no como pintan la situación los televisos y aztecos. Porque aunque ganen hoy, deberán repetir la hazaña por el resto de la eliminatoria y hasta el punto en que esto deje de ser, tal cual, una hazaña. México quiere escuchar nuevamente los cantos de “nos vamos al mundial, nos vamos al mundial” en los vestidores de la selección, pero tras barrer la zona, no por calificar después de un castigo. Para ir al mundial México debe volver a ser un gigante, aunque sea de CONCACAF.

Mesianismo necio

Por Javier Manzanera

La historia reciente de la selección mexicana vuelve a repetirse y por alguna extraña razón la mayoría de la gente sigue sorprendiéndose. Lo que pasa es que en México tenemos la penosa costumbre de poner auténticas esperanzas en la gloriosa llegada del que vendrá a salvarnos. Tal vez esto se deba, en cierta medida, al fanatismo religioso que pulula en la sociedad y que tiende a ser extrapolado a otros aspectos de la vida (sobre todo al futbol); o probablemente tenemos esta creencia de la llegada milagrosa del elemento mesiánico al Tricolor simplemente porque en el pasado se han dado ocasiones en las que sí ha funcionado, como la primera era de Aguirre.

La tan anunciada importación de Nery, la espera del ascenso de Giovani y Vela a la selección mayor, el rimbombante arribo de Eriksson al mando, todos ellos fueron momentos recientes en los que todo el país esperaba que la llegada de una persona pusiera orden al caos crónico que se vive en la selección nacional, un equipo lleno de nombres y currícula altisonantes, pero carente de unidad.

Aguirre, el mesías del momento.

Aguirre, el mesías del momento.

Ahora nos enfrentamos cara a cara con la cruda realidad: no se puede revolucionar por completo un equipo mediocre tan fácilmente. En el aire flotaba la dulce creencia de que el regreso de Javier Aguirre iba a terminar con el mal momento, llevando al equipo de todos a esa parte medular de la salud mental de todos los aficionados: la Copa Mundial de FIFA. Todos queríamos creer que era tan sencillo, y al parecer el mismo Vasco estaba convencido de sus poderes mesiánicos, porque se la tomó con mucha calma y confió en que 14 entrenamientos con jugadores desconocidos (claro, excepto el Conejo, kafkiano titular) eran suficientes para ganar un partido que hoy por hoy es preocupante para una selección que no debería tener problemas para vencer a ningún equipo de Centroamérica.

Así las cosas, la clasificación al Mundial sigue complicándose y si llega a lograrse puede resultar en un ridículo en escaparate global. ¿Qué será mejor para México?, ¿llegar a Sudáfrica para conservar la salud mental de los aficionados o quedarse en casa y evitar la humillación?