Milimétrico

Por Ana Dávila

Los dos mejores equipos de Europa –y que alguien diga lo contrario- se enfrentan en una final soñada.. Sí, Chelsea y Manchester hubiera sido una revancha interesante, pero para qué mentir. Esta final es la buena.

En México hay una extraña relación de amor/odio con España, pero cuando se trata de futbol, les tenemos bastante afecto. No es algo nuevo, y en nuestra particular forma separatista, nos hemos dividido en madridistas y culés. Como en todo, hay quienes siempre han pertenecido a un bando y nunca se cambiarán (lo mínimo que se espera de cualquier aficionado decente) y hay quienes en la época galáctica fueron del Real y hoy se dicen blaugranas descaradamente. El villamelonismo es una actividad que se ejerce permanentemente en este país.
El punto es… hoy hay toda una legión barcista en México que defiende los colores como propios y declara campeón absoluto al equipo catalán.

Aun viendo cada partido del Barça, su arrollador desempeño, su superioridad absoluta en España, el derroche de talento que hacen ver “facilito” el futbol (y qué lindo es verlo así), no hay ni un barcista realmente barcista que no tema a la aplanadora inglesa con la que hoy se van a enfrentar.

Porque el Manchester es todo dinamismo y reinvención. Si no sale de una manera, sale de otra. Hay un momento (pero hay que poner atención) en el que se pierde el curso del balón con la vista, y de repente, ya está dentro de la portería contraria. Es un fenómeno. La liga inglesa se juega rápido, se juega fuerte y se juega sin rodeos.
Que los catalanes tienen con qué jugar, no tengo la menor duda.

¿Qué va a inclinar la balanza entonces?
Hay algunos detalles. La motivación será clave. Sí, el Barça trae un empuje impresionante por buscar el trébol (que los Reds ya pusieron en sus vitrinas en la 98-99), pero Manchester trae algo parecido por querer ser el primer bicampeón desde el cambio de formato de la Champions en el 92. Los ingleses perdieron su pase a la final de la FA Cup por un pelito, en los famosos penales, pero a cambio traen las copas del Mundial de Clubes, la Charity Shield y claro, la de Liga.

Ronaldo y Messi, su desempeño marcará la pauta. Ambos son candidatos fuertes para el Balón de Oro y buscarán lucir para darse una pequeña ventaja, pero cuidado con caer en egoísmos. ¿Quién sabrá jugar el partido grande?

Las bajas del Barça podrían representar un problema para el joven (y ya ídolo) Pep Guardiola, pues no contará con Márquez, Dani Alves ni Abidal, mientras que los de Ferguson extrañarán a Darren Fletcher, quien por una falta estúpida se hizo expulsar y probablemente sea algo que nunca se va a perdonar. Triste.

La diferencia es definitivamente milimétrica, pequeñita. Nada está dicho, y el que haya seguido (no sólo visto los resúmenes) a estos dos en sus ligas lo sabe. Pero sólo el que lo haya hecho. Los demás, pura especulación.

Tercerismos

Por Ana Dávila

Oswaldo y Ochoa. Parece no haber mucho más que decir para el arco nacional. Oswaldo Sánchez, trayectoria y experiencia; Guillermo Ochoa, juventud y potencial. Medios, show  y sin duda alguna, mucho talento. ¿Hay algún justo medio? Sí, José de Jesús Corona podría estar ahí.

Dicen que hay que estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Corona es un ejemplo de cómo no se debe estar. El eterno tercero. El hermano de en medio.

El fenómeno tercerista (o segundista) no es exclusivo de Corona. No es sorpresa encontrar arqueros buenos que han tenido que vivir en la sombra por mucho tiempo -o para siempre-, un ejemplo ideal es el de Enrique “Ojitos” Meza, siempre detrás de Miguel Marín, uno de los grandes que ha venido a jugar a México. No pudo haber sido sencillo.

El verde no le van tan mal

El verde no le van tan mal

Pero algo podría ayudarle al joven J J–sólo 28 añitos-: tiene categoría, y en movimientos silenciosos pero calculados, efectivos, impone seguridad a su equipo. Es el único dueño de la defensa de Tecos. No lo rodea ninguna explosión mediática, pero así ha mantenido su portería segura. Con Pumas, la más segura del torneo. Y no es un equipo cuya gran fortaleza sea defenderse. Recién paró un penal, en la última jornada y no es la primera vez que lo hace. No sale en la televisión, no anuncia nada, no da fotografías impactantes. Creo que le ha hecho bien.

La batalla interna que debe estar librando Aguirre para elegir portero debe ser enorme. El hermano grande es perfecto para algunas cosas, el chico para otras. Y en esta decisión aparentemente de dos, el tercero podría beneficiarse. Puede ser que por primera vez, el hermano sandwich salga ganando.

Corona, tal vez ha llegado el momento de que juegues un partido tú. No un amistoso, uno de verdad. Uno en el que la Selección se esté jugando algo importante. Y que de ese uno se puedan desprender otro y otro. ¿Te llegará la oportunidad o estás condenado a ser “parte del plantel”?

Súper

Por Ana Dávila

Todavía hay un poco de tiempo. Antes que el drama del descenso acapare todas las pantallas y todas las portadas, hay una oportunidad de hablar de ese par de equipos, allá arriba de la tabla, los “superlíderes”, si pudieran ser dos.

Ser superlíder está un poco devaluado hoy en día. Puede ser por varias cosas, personalmente creo que esto pasa, primero, porque no suele ser el número uno de la tabla quien se queda con el título, y segundo, porque normalmente los “grandes” no terminan de superlíderes y las miradas se dirigen a otros lados. Es lo de menos.

Las figuras

Las figuras

Hoy hay dos. Hoy uno va a quedarse con esa posición, la que permite recibir las vueltas en casa, con el calor de una afición que va al estadio con la plena convicción de que todo saldrá bien. La que garantiza una final en casa, qué privilegio. No es casualidad que se infle el ego de los aficionados superlideristas: el tener un equipo que deje una sonrisa de oreja a oreja cada fin de semana es un lujo que muy pocos pueden darse. Tampoco es suerte la cosecha de puntos, semana a semana, dejando escapar sólo unos pocos y lamentándolo como si se hubiera perdido.

Y sólo son dos, los únicos que como líderes generales han levantado la copa: un Toluca fuerte, ordenado, efectivo y ganador –dos derrotas en los últimos 27 encuentros no podrían ser más elocuentes- y un Pachuca aplastante, dinámico y equilibrado, con una clarísima idea del trabajo en conjunto, de cómo jugar y jugar bien.

El superliderato Pachuca lo tiene en sus manos. Tendrán que ganarle a un Atlas que, hambriento de liguilla, poco cederá a los tuzos en casa. Los zorros, con la contra de que no contarán con su afición, esa que, como ninguna, ha aguantado años de sequía sin quejas y con toda la ilusión, hoy crecida con su “jefe” Lavolpe.
Los Diablos, en cambio, se enfrentarán a un San Luis que ya no se juega nada y por si fuera poco, mal y de malas después del fiasco de la Libertadores.
Parecería una ecuación sencilla pero sucede que… todo puede suceder.

Una final entre escarlatas y tuzos -lo que más se parecería a un cierre de torneo largo- es una fuerte posibilidad. Y qué justa sería. Porque a diferencia de otros torneos, la disparidad entre ambos conjuntos y el resto de los equipos es demasiado palpable. Como el dinero y el amor, la constancia, los números y el nivel no se pueden ocultar.

Un Chaco Giménez inspirado –e inspirador-, Damián Álvarez al cien y Mendivil que despertó con hambre o un Mancilla goleador, Sinha brillante y de líder Da Silva. ¿Quién será el guapo que le pegue a estos dos gigantes? Hagan sus apuestas.