Ascenso de Pau Gasol al Olimpo.

Así festejó Gasol la obtención del título de la NBA.

Así festejó Gasol la obtención del título de la NBA.

Por Laones Galli.

Como todos los países del mundo, Catalunya tiene sus héroes deportivos más allá del universal y omnipresente futbol. Esos personajes que hacen que toda una nación siga un deporte que, la mayoría de las veces, ni siquiera ocurre cerca; y es que los héroes deportivos, destino trágico, generalmente deben emigrar para realizarse.

Recuerdo que en Uruguay, la gente se volvió aficionada al automovilismo en la época de Gonchi Rodríguez y Gustavo Trelles, o al tenis en los tiempos de Diego Pérez y Marcelo Filipini y al ciclismo de pista (deporte que no se practica en el país) cuando Milton Wynants ganó su medalla de plata. El ejemplo más impresionante, sin embargo, lo viví en México, cuando Televisa transmitía durante varias horas de su programación de fin de semana, torneos de golf femenino para que todos los mexicanos pudieran seguir el desempeño de esa gran figura internacional que es Lorena Ochoa.

En Catalunya, si obviamos el futbol, el deporte con más seguidores es, seguramente, el baloncesto. En las calles, en las plazas, en las escuelas, en los clubes, uno percibe un gran nivel de juego, algo que probablemente tiene que ver con las figuras que lo representan en los medios de comunicación masiva. En este panorama tan alentador, entre Rudy Fernández, Marc Gasol, Juan Carlos Navarro y la futura estrella ultrapromocionada Ricky Rubio, una figura sobresale claramente: Pau Gasol.

En estos días en que el héroe estaba a punto de encumbrarse a lo más alto a que puede aspirar un basquetbolista, muchas personas siguieron por televisión las finales entre los Lakers y los Magics, esto a pesar de los horarios imposibles de la transmisión. En la madrugada de ayer finalmente ocurrió, los de Los Ángeles ganaron el título 2008/2009 y, hoy, Gasol es protagonista en las primeras planas, Marca titula, por ejemplo: “Pau Gasol logra el sueño de un deporte y un país”.

En el caso de este joven de Sant Boi de Llobregat, lo mejor, además de su gran nivel deportivo, claro está, es que parece un héroe, tiene el aspecto requerido para estar en el Parnaso deportivo: mirada agresiva, talla de gigante, brazos largos y musculosos. Es decir que podríamos escribir, al modo homérico (o de sus traductores): “allí está por fin, semejante a un dios, Pau Gasol, el de los hombros en punta, aceptando los laureles en el Olimpo de las alturas imposibles.”

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Un destellito de luz

Por Anjo Nava

Payton y Kemp echando taco de ojo con las porristas

Payton y Kemp echando taco de ojo

El baloncesto murió. Al menos murió para mí el día que mis amados Supersonics dejaron de ser. Cuando el negocio superó a la pasión. Cuando la avaricia se burlaba de los sueños. Cuando la ineptitud enterró a la gloria. Los años de la dupla Payton-Kemp parecen apenas un relato remoto, que se esfuma como un rumor que deja de pasar de boca en boca. Hay pocas personas que llegaron a conocerme en los años en los que seguía con absoluta devoción al equipo de Seattle, y menos los que realmente sabían el grado de mi afición. Mi exnovia es una de ellas. En algún momento de nuestra relación de más de seis años me dijo:

—Oye no se te vaya a olvidar que el sábado tenemos una boda.

—Pero son las semifinales— le contesté cínicamente.

—No puedo creerlo, ¿vas a dejar de ir a una boda conmigo por ver un partido de básquet?— me preguntó incrédula.

—¡Es que son las semifinales!— respondí.

A mi ex le fue muy difícil entender lo que estar en semifinales significaba, y más la llamada que le hice a la una de la mañana, mientras estaba en la boda de su amiga, para decirle que los Sonics habían ganado su juego. Ya no estaba con ella cuando los dueños del equipo, el mismo grupo que dirige Starbucks, lo vendieron a otra consorcio con sede en Oklahoma. Y tampoco cuando dos años después, la NBA autorizó el traslado del equipo a esta ciudad. El movimiento no sólo rompió mi corazón, también el gusto por el deporte, sin embargo, este año, justo ahora que se definen los finalistas, volví a poner la vista en él.

Desde el último y definitivo retiro de Michael Jordan, el baloncesto había sufrido un deterioro en su audiencia, aun cuando este hecho hizo más competitiva la liga. Hoy, ya no se sabe a ciencia cierta quién será el campeón, lo que hace mucho más divertido seguir el transcurso de las series. Hoy, los intereses tampoco gobiernan los resultados —como en la temporada 2002, cuando fue escandalosa la forma en que le robaron las finales del Oeste a Sacramento, para que pasaran los Lakers— y la anticipada final, en la que Kobe y LeBron se enfrenten, tendrá que esperar un año más.

Por años Bryant tuvo un Superman a su lado. A partir de ahora tendrá que enfrentar a uno mucho más hambriento, y no menos contundente. Dwight Howard es un animal —como lo demostró hace un par de partidos, cuando después de clavar el balón con las dos manos, trajo con él, completito, el reloj de disparo— que eliminó al campeón actual (los Celtics) con autoridad, y al heredero de la corona que dejó Jordan (LeBron James). Además no está solo. Rashard Lewis (de la última gran temporada de los Sonics) y Hedo Türkoğlu (de los estafados Kings de 2002) acompañan a Howard en una de las delanteras más dinámicas de la liga. Kobe, Gasol y compañía no la tienen fácil y sin duda la NBA sigue siendo un espectáculo, aun sin los Sonics.

La mesa está puesta

La mesa está puesta